Te bendecimos, te adoramos y te glorificamos en este último día laboral de la primera semana de este hermoso mes. Gracias, Señor, por este nuevo despertar que nos conducirá al servicio y al amor de nuestros hermanos. Tu palabra en este día nos lleva a darte gracias porque tú supiste compadecerte de estos dos ciegos del camino, que son imagen viva de nosotros mismos necesitados de tu luz. Por eso hacemos nuestros estos gritos de fe y de súplica, Señor, porque nos invaden las tinieblas del increencia, de la desesperanza, porque nuestra rutina diaria y nuestras supuestas seguridades nos atenazan. Qué hermoso, Señor, para nosotros poder escuchar tus palabras y guardarlas en nuestro corazón: «tu fe te ha curado», «tu fe te ha salvado», «hágase como has creído». Como reza el dicho popular: “la fe hace milagros”.
Ayúdanos, Señor, a pedirte que aumentes nuestra fe, para resolver los interrogantes que nos surgen: ¿reconocemos tus acciones en los más necesitados? ¿clamamos misericordia ante ti con una fe y confianza firmes en tu poder? Haz, Señor, que tu amor cure nuestra ceguera, despertando nuestra fe dormida para poder verlo todo con los ojos nuevos que nos das. Que tus criterios nos den alegría y paz en este tiempo de Adviento, que es oportunidad de conversión a ti y a los hermanos. Bendícenos guárdanos y protégenos en tu amor amén.
Un muy claro y confiado viernes de amor, de entrega y disponibilidad a nuestros hermanos. Hoy le doy gracias a Dios y la Virgencita por mis 33 felices y bendecidos años de sacerdocio. Les agradezco sus oraciones.
