Pasar al contenido principal

3-abr.-2022 domingo 5.° de Cuaresma

dia33cuaresma

Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más

En tu día te damos gracias por las bendiciones que nos has regalado durante esta semana que terminamos y que, gracias a tu bondad, hemos podido vivirla con alegría y satisfacciones. Hoy te pedimos que nos ayudes a comprender el sentido generoso de tu perdón y benevolencia al igual que lo tuviste con la mujer pecadora. Perdónanos las veces en que hemos pecado especialmente de forma grave y sentimos miedo. Hoy comprendemos que Tú vas más allá de cualquier ley, porque nos perdonas, y sigues perdonándonos. Ésta es la actitud que quieres que aprendamos de Ti. Mirar a nuestro propio corazón y darnos cuenta de que necesitamos perdonar y ser perdonados. Y así, repetidas veces. Perdona las ocasiones en que hemos sido injustos y no hemos comprendido los sentimientos de nuestros hermanos que si bien es cierto nos han ofendido, hemos endurecido nuestro corazón y no somos capaces de perdonar como lo haces. Tú no nos arrojas piedras y quieres que tampoco las arrojemos contra nadie. Tú no nos condenas porque has venido a salvar lo que estaba perdido y quieres que seamos libres y que tengamos vida. Tú nos dices que vayamos y no pequemos más. Perdónanos y haznos nuevos. Ayúdanos a que nuestros sentimientos sean de perdón y no carguemos piedras sino misericordia y comprensión. Que escuchemos esas bellas palabras: «─¿Ninguno te ha condenado? Ella contestó: ─Ninguno, Señor. ─Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más». Ojalá, Señor, podamos cumplir tu voluntad para que, fortalecidos, demos fruto de iniciar un nuevo camino, cambiando nuestro corazón de piedra por un corazón generoso y reconciliador. Bendícenos y protégenos en tu bondad. Amén.

Feliz y reparador domingo. 

Reflexión papa Francisco

No es fácil encomendarse a la misericordia de Dios, porque es un abismo más allá de nuestra comprensión. ¡Pero debemos! "¡Oh, Padre, si conocieras mi vida, ¡no me dirías eso!" "¿Por qué, qué has hecho?" "¡Oh, soy un gran pecador!" "¡Cuánto mejor! Ve a Jesús: ¡le gusta que le digas estas cosas!" Él olvida, tiene una capacidad muy especial para olvidar. Se olvida, te besa, te abraza y simplemente te dice: "Yo tampoco te condeno; vete y no peques más" (Jn 8,11). Ese es el único consejo que te da. Después de un mes, si estamos en la misma situación... Volvamos al Señor. El Señor nunca se cansa de perdonar: ¡nunca! Somos nosotros los que nos cansamos de pedirle perdón. Pidamos la gracia de no cansarnos de pedir perdón, porque él nunca se cansa de perdonar. Pidamos esta gracia.

Recomendado

Visitar a Jesús en el Sagrario. Alabarle y darle gracias por toda su acción misericordiosa en nuestras vidas.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.