Bendecidos en tu amor y en tu bondad, te damos gracias por este nuevo día que nos regalas y nos ponemos en tus manos. Pedimos tu santa bendición para que todo lo que realizaremos sea para glorificarte. Hoy asciendes al cielo y nos das la certeza que permaneces con nosotros por tu Espíritu de fortaleza, sabiduría y amor, y de esta forma sigues siendo nuestro guía y compañero de camino. Sigues con nosotros en tu palabra y en nuestros corazones; asimismo permaneces en la Eucaristía como nuestra bebida y alimento. Nos insistes como lo hiciste con tus apóstoles: “Sean mis testigos en el mundo entero”. No permitas que nos quedemos mirando pasivamente al cielo, sino que seamos tu mensaje de esperanza para nuestros hermanos.
Mirar con los ojos del corazón nos habilita para vivir con esperanza, pues desde nuestro corazón sentiremos la fuerza de tu Espíritu que nos llama a participar de la vida nueva en Ti. Mañana será otro día más en nuestras vidas, pero no queremos caer en la rutina de ver pasar nuestros días y lo tuyo quede como un recuerdo. Ayúdanos para seguir anunciando y proclamando las maravillas que haces en nosotros. Nuestra mirada al cielo sea para darte gracias por todo lo que somos y tenemos. Amén.
Un bendecido Domingo y si mañana seguimos descansando, lo hagamos en armonía y unidad, con la esperanza puesta en que el gobernante que elijamos sea el que nuestra conciencia nos haga elegir. Ayúdanos a tener fuerzas suficientes para seguir proclamando el amor de Dios.
Abrazos y bendiciones abundantes, un domingo esperanzador y compartido en armonía.
