Domingo de descanso, de reflexión y de acción de gracias. Hoy es Domingo de la alegría, de la fiesta y el perdón. Hoy nos regalas un hermoso motivo de reflexión, para pensar que en el camino de la Cuaresma, la conversión es uno de los elementos esenciales, porque convertirse es dejar los caminos que nos llevan a la perdición y encontrar el camino correcto, el camino que nos lleva al Padre, que nos hace encontrarnos con los demás como verdaderos hermanos y que nos hace sentirnos en casa. Convertirse es volver a la casa del Padre.
La parábola del Evangelio de hoy nos habla precisamente de la conversión del hijo pródigo. Se había ido por otros caminos. Y, sin darse cuenta, se había extraviado y había derrochado lo mejor que tenía: el amor de su familia, el cariño de su padre, la seguridad que da el sentirse querido. Creyó que podía vivir por su cuenta. Estaba seguro de que con sus propias fuerzas podría conseguir todo lo que se propusiera. Y se encontró con el fracaso. Menos mal que, hundido en su pena, se dio cuenta de lo que tenía que hacer: volver a la casa de su padre. Su vuelta supuso reconocer su equivocación.
Hoy somos nosotros los hijos que lo tenemos todo y nos sentimos inconformes. Ayúdanos, Señor, a reflexionar y pensar por un momento, que lo más valioso y lo importante es estar cerca de Ti, brindar amor y comprensión en la familia, servir a nuestros hermanos y sentir el calor en el abrazo que El Padre Misericordioso siempre nos dará cuando volvemos arrepentidos. No permitas que derrochemos la gracia que tú nos has regalado y permite que nuestro camino sea de reconciliación, amor, fraternidad y solidaridad. Creemos en ti, confiamos en ti y descansamos en ti. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Nuestra madre celestial sea nuestro auxilio.
Feliz, alegre y compartido domingo.
Reflexión Papa Francisco
Cada vez que nos confesamos: allí recibimos el amor del Padre que vence nuestro pecado: nuestro pecado ya no existe, porque Dios lo olvida. Cuando Dios perdona, pierde la memoria, olvida nuestros pecados, se olvida. ¡Es tan bueno con nosotros! No como nosotros, que después de decir "no te preocupes", a la primera oportunidad nos acordamos de las heridas que hemos sufrido. No, Dios anula el mal, nos hace nuevos por dentro y así hace renacer en nosotros la alegría, no la tristeza, no la oscuridad en nuestro corazón, no la sospecha, sino la alegría.
Hermanos y hermanas, ánimo, con Dios el pecado no tiene la última palabra. La Virgen, que desata los nudos de la vida, nos libera de la pretensión de creernos justos y nos hace sentir la necesidad de acudir al Señor, que siempre nos espera para abrazarnos y perdonarnos.
Recomendado
Dios nos perdona siempre. Y nosotros debemos aprender a perdonar de la misma manera que el Padre nos perdona.

