Despertamos y te damos gracias por este maravilloso amanecer y este día después del sueño reparador. Al iniciar esta jornada, nos colocamos en tus manos y te pedimos que lo bendigas y bendigas nuestras obras y acciones. Gracias, Señor, por esta palabra tan hermosa con la que hoy no saluda el evangelio de Juan: “tanto amo Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna y nadie perezca”. Creer en Ti, nos acerca a la voluntad del Padre Celestial y podemos comprender que tú eres el gran Signo del amor del Padre para cada uno de nosotros.
Ayúdanos, Señor, a comprender que eres la verdadera luz que ilumina nuestro caminar; no permitas que caminemos en las sendas oscuras del negativismo, la mentira y el egoísmo. Que practiquemos la verdad y seamos hijos de la luz.
