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25-mar.-2022 viernes 3.° de Cuaresma

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Hermosa fiesta la que nos regalas hoy en este último día laboral y llenos de tu presencia.

Hermosa fiesta la que nos regalas hoy en este último día laboral y llenos de tu presencia. Gracias, Señor, porque en la solemnidad de la Anunciación, María nos muestra el camino de la obediencia y el cumplimiento de la Voluntad del Padre celestial. En tu mensaje hay dos protagonistas, la Virgen María y la Palabra que transmite el ángel Gabriel. María en su sencillez está abierta a la voluntad de Dios. Y es la Palabra, la que transforma, da seguridad y, sin forzar la libertad de María, la lleva a una aceptación gozosa de la voluntad del Padre. María responde: “que se cumpla en mí tu Palabra”.  Por eso ella ocupa un lugar tan especial, único, en los designios de Dios sobre la humanidad. El “sí” de María ─en su humildad y sencillez─ inaugura todos los “síes” a los que somos invitados a dar a las llamadas del Padre celestial y tus mismos llamados.

María después de escuchar, acoge. Las palabras dan fruto en su interior, no pasan como el viento, sino que se quedan y echan raíces en su corazón. Aprendamos de nuestra madre a vivir una acogida humilde del plan del Padre en nuestra vida. Que ella nos enseñe a aceptar con amor los designios divinos y a no alejarnos de su presencia. Madre del amor y la ternura, sabemos que en tu Hijo nos abrazas a todos los que somos sus discípulos. A ti acudimos, madre, cuando nos sentimos tentados, tristes o en peligro. A ti madre nos acogemos y ─como nos dice el Papa Francisco─ “Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y, a veces, nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…»”. Gracias, madre, por tu amor y tu ternura. Gracias, Señor, por regalárnosla como nuestra madre. Permite que sus palabras sean para nosotros un compromiso: “HACED LO QUE ÉL OS DIGA”.

 

ORACIÓN

Madre y Reina de la Anunciación: a Tu corazón de Madre entrego mi alma, mis pensamientos, recuerdos, imaginaciones, deseo y temores.

Recibe mi corazón que sea un solo palpitar con el tuyo, mi cuerpo con tus sentidos. Quiero mirarte, Madre, con gratitud.

Te entrego mi lengua, que en cada frase que pronuncie repita: “Soy todo tuyo”. Quiero pedirte más amor para el Santo Padre, para la Iglesia, para todos mis hermanos.

Madre bondadosa desde hoy quiero vivir contigo, que tú dirijas mis pasos y deseos y para eso al iniciar una acción me diré: ¿Cómo lo haría María?

Te entrego mi vida espiritual, que sea un vivir en el amor del Espíritu Santo para todos mis hermanos.

Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda