Un hermoso amanecer en este día de descanso, dedicado a ti y a nuestras familias, para vivirlo en armonía y servicio. Te damos gracias por este último domingo de nuestro año litúrgico, en que te honramos, te celebramos y te festejamos como nuestro verdadero y único rey, no con pensamiento humano sino con pensamiento divino.
Con la palabra “Rey” podemos pensar en el poder, riquezas y esplendor. En esta fiesta que te festejamos como Cristo Rey, ¿qué clase de rey eres Tú? Tú llevaste una corona de espinas, vestido con un manto púrpura, tu cetro y tu trono fueron la cruz que llevaste. Te tildaron de farsante, y te trataron como un criminal acusado ante Pilatos, quien representaba los poderes del mundo. ¿Dónde se puede encontrar tu verdadero poder como Rey? En la verdad, el amor, la humildad y la sencillez, porque no viniste a ser servido sino a servir, amando hasta el fin con auténtica actitud de servicio.
Viniste a nosotros como el humilde siervo de tu amor, que ofreciste tu vida por todos en la cruz. Danos suficiente fe para aprender de Ti que servir es reinar y que dar la vida por nuestros hermanos es encontrar una alegría y felicidad que nadie nos puede arrebatar. Señor y Rey nuestro, contigo queremos llevar las cargas de nuestros hermanos. Que su peso sea ligero, ya que es una carga de entrega y amor. Danos fortaleza ahora y por siempre. Que podamos reinar contigo y nos enseñes a llevar la corona del servicio, los ropajes de la humildad, el carruaje de la sencillez y el cetro del amor. Danos suficiente fe para aprender de Ti, que servir es reinar y que dar la vida por nuestros hermanos es encontrar una alegría y felicidad que nadie nos puede arrebatar. Amén. Un muy alegre Domingo y que se pueda compartir con nuestras familias.
