«¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria, que dice a Sion: “Ya reina tu Dios”!». Con estas palabras de Isaías, saludamos con alegría este día que es bendecido y que nos regalas hoy, en el cual podemos proclamar las maravillas de tu amor, por tener entre nosotros tu presencia. Hoy nos invitas a que la barca de nuestro corazón no esté anclada, sino que iniciemos en ella el camino de este día y sobre todo que echemos las redes en el gran mar de nuestras esperanzas, para que la pesca sea tan abundante como se la diste a Pedro. Queremos acoger tu palabra y echar las redes, no importa que hayamos pasado una noche en la incertidumbre y sin pescar nada, porque en tu nombre lograremos la pesca abundante de fe y de caridad. En esta jornada queremos ofrecerte nuestras vidas, las de nuestros hermanos, nuestros enfermos, los que sufren en soledad y en tristeza. Danos la gracia de tu infinito amor para que encontremos siempre tu presencia en nuestras vidas.
En nuestra cotidianidad, Señor, viviremos noches estériles en que no hemos pescado nada y días en que hemos sentido tu presencia, que se ha vuelto eficaz en nuestras actividades. Vamos madurando en nuestra fe, en el camino de la entrega que queremos recorrer y por eso sabemos que los días buenos serán para nosotros días excelentes en que encontraremos tu presencia, la fuerza de tu palabra. Gracias por caminar a nuestro lado, por indicarnos que debemos remar mar adentro y echar las redes para que la pesca sea abundante. Amén.
Te alabamos, te bendecimos, te glorificamos y te damos gracias, Señor.
Un muy placentero y vocacional jueves de pesca abundante.
