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2-nov.-2021 martes de la 31.ª semana del Tiempo Ordinario

Conmemoración de todos los fieles difuntos, fiesta

Bendito eres, Señor, que nos colmas de fe y esperanza para darte gracias en todo momento de nuestra vida. Hoy recordamos con cariño a nuestros ángeles que has llamado a tu lado y que desde el cielo interceden por nosotros. Ni muerte ni vida, nada que existe ni nada todavía por venir, ni cosa alguna puede nunca interponerse entre nosotros y el amor de Dios.

La muerte permanecerá siempre como un misterio y un sufrimiento, pero tú, Señor, nos enseñas que vivamos en fe y esperanza. Si tuviéramos suficiente fe, soportaríamos la muerte sin miedo y la acogeríamos como un regreso a la casa del Padre. En nuestra fe no podemos dudar: el Padre celestial no abandonará a sus hijos en la muerte, porque somos obra de sus manos, hechos a su imagen y semejanza; y tú moriste y resucitaste de entre los muertos.

Hoy, Señor, tenemos la seguridad y la fe puesta tus palabras: “no se inquiete vuestro corazón creed en Dios y creed también en mí, porque en la casa de mi padre hay muchas habitaciones”. Con esas palabras, tú nos llenas de seguridad y de confianza para saber que la muerte sólo es un paso necesario hacia la plena felicidad en la vida eterna.

En la conmemoración de todos los fieles difuntos recordamos con cariño a todos nuestros seres queridos, a nuestros familiares y amigos que tú has ido llamando a tu lado para que estén contigo, para que compartan la plena felicidad, la alegría que se debe experimentar en el reino de los cielos. Gracias, Señor, por llenar nuestros corazones de esperanza y recordarnos que la vida no termina, sino que se transforma y; al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el reino de los cielos.

Que hoy podamos sentir en nuestro corazón tu consuelo y tu esperanza, y que nuestros hermanos, a quienes has llamado a tu lado, vivan la plena felicidad en el cielo nuevo y la tierra nueva que nos menciona san Juan; que esto sea para nosotros también una realidad al esperar la vida futura: Lo viejo pasa, lo nuevo viene. Que tú sigas concediendo a nuestros hermanos seguir gozando de tu presencia en el reino de la justicia, de la paz y del amor, donde ya no hay llanto ni desesperanza ni tristeza, sino sólo la alegría de saber que te contemplan eternamente. VIVAMOS ─EN ESPERANZA Y CON MUCHA FE─ HACIENDO EL BIEN. Amén.

Feliz martes, recordando con cariño a nuestros hermanos, nuestros seres queridos: Concédeles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.