En el nuevo amanecer de la vida de cada uno de nosotros, iniciando nuestra corta semana laboral, expresamos gratitud por tu bondad y tu amor. Hoy permítenos corresponderte amando más, sirviendo más y perdonando más. San Pablo nos recuerda que con tu vida, muerte y resurrección nos has traído la vida en abundancia, la vida divina, la vida de hijos de Dios y la vida de hermanos, la vida eterna y feliz. Tú nos ofreces todos estos regalos de manera amorosa y gratuita. Ayúdanos a aceptar tu generosidad uniéndonos plenamente a ti, a tu persona y tu mensaje, para que nuestros pensamientos sean como los tuyos, nuestra manera de amar sea como tú nos amas, nuestros sentimientos sean tus sentimientos y así podamos expresar como Pablo: “Ya no soy yo quien vive, eres tú quien vive en mí”.
Con tu gracia y tu amor, concédenos la alegría de estar vigilantes, con los oídos abiertos para escuchar y responder a las diferentes maneras que tienes de llamar a nuestra puerta, para que “apenas vengas y llames” te abramos y te acojamos en nuestro corazón. Que no vivamos despreocupados y despistados, sino muy atentos, “con la cintura ceñida y encendidas las lámparas”, ante las venidas, llamadas, e insinuaciones que continuamente nos haces y, sobre todo, te podamos responder con generosidad y alegría: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Feliz y bendecido martes.
