Qué bello es iniciar el día dando gracias a Dios, por el don de la vida, la salud, el bienestar, nuestra familia y nuestro trabajo. Hoy Señor, te damos gracias por las grandezas de tu amor.
Curar aquella mano paralizada, como nos narra hoy san Marcos, debió tener un significado grande para ti, Señor, y para aquel enfermo ─como lo tiene hoy para nosotros─ pues la mano simboliza nuestra capacidad de trabajar, de construir, pero también de dar, de aportar algo, de hacer el bien. Por eso, con este milagro tu curaste mucho más que una mano. Promoviste al enfermo para que pudiera vivir con dignidad y sentirse útil. Sin embargo, los fariseos eran incapaces de alegrarse por el bien de la persona curada. Danos hoy la gracia de alegrarnos por la felicidad de nuestros hermanos, especialmente aquellos que logras liberar de las parálisis del pesimismo, la soledad y la tristeza. Pero ante todo que confiemos en ti y en el Padre Celestial y, si los obstáculos son como Goliat, nos regales la honda de la esperanza para poder derribarlos, asimismo, que recordemos que nuestros pensamientos son diferentes a los tuyos: lo débil y pequeño atrae la fuerza de tu amor.
Tú te haces presente en la vida de cada uno y nos confías una misión. Tú crees en nosotros, a pesar de las apariencias, de los obstáculos, de nuestros propios prejuicios y los de los demás. No permitas que nuestra fe sea paralizada; al contrario, que todos seamos curados de nuestra fe paralizada, que nos impide poner nuestra vida a tu servicio y el de nuestros hermanos. A ti nos acogemos, en ti confiamos y en ti esperamos.
Que Nuestra Madre la Virgencita nos ilumine con su presencia y siga siendo nuestra intercesora. Amén.
Un alegre, agradecido y bendecido miércoles para todos.
