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17-mar.-2022 jueves 2.° de Cuaresma

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Tú sabes lo que hay en nosotros ─en nuestro corazón─ y dónde está nuestro tesoro

En este maravilloso amanecer que nace para nosotros, nuestro corazón se eleva a Ti y da gracias por el don de la vida y un nuevo despertar. Señor, muchos de nosotros nunca disfrutamos tanto como ahora del bienestar y la vida, y por eso nos hemos vuelto engreídos y satisfechos de nosotros mismos, muchas veces felices en nuestro pequeño mundo egoísta. Haz que nuestros oídos permanezcan abiertos a tu palabra y nuestros corazones abiertos a ti y también a nuestros hermanos. No permitas que, en nuestra situación de bienestar, nos olvidemos de ti y de los demás o que pongamos nuestra esperanza solo en nosotros mismos. Danos la inquietud de buscarte a Ti en todo momento. Tú sabes lo que hay en nosotros ─en nuestro corazón─ y dónde está nuestro tesoro. Danos fe no en nosotros mismos o en lo que nuestras manos han hecho, sino en lo que podemos construir contigo, para que todo lo que somos y hacemos sea un don que procede de tu generosa bondad y misericordia y fruto de nuestro trabajo.

Gracias, Señor, por las palabras que hoy nos regala Jeremías y que nos ayudan a saber descubrir tu presencia en los  “hermanos Lázaros” que encontraremos en nuestro diario vivir: “Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua”. Bendícenos, guárdanos y protégenos y danos la gracia de tu amor. Nuestra Madre Santísima nos acompañe y sea nuestro auxilio. Amén.

Un muy feliz, vocacional y bendecido jueves.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua.

Reflexión Papa Francisco

Nosotros corremos el riesgo de convertirnos en ese hombre rico del Evangelio que se despreocupa del pobre Lázaro, "cubierto de llagas, que de buena gana habría comido hasta saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico".

Como cristianos, no podemos ser indiferentes a la tragedia de las antiguas y nuevas formas de pobreza... No podemos permanecer insensibles, con el corazón apagado, ante la miseria de tantos inocentes... Amar al prójimo significa sentir compasión por los sufrimientos de nuestros hermanos y hermanas, acercarse a ellos, tocar sus llagas y compartir sus historias, y así manifestar concretamente el tierno amor de Dios por ellos.

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Oremos por tantas personas que se encuentran desempleadas en este momento, y les resulta difícil llevar el Pan para sus hogares.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda