El comienzo de este día marca para nosotros una esperanza y una fe: la esperanza de saber que tenemos un nuevo día y la fe de saber que tú nos acompañarás. Queremos iniciarlo con alegría y con optimismo, sentir que todo lo que realicemos sea para alabarte dando la oportunidad a que nuestros hermanos sientan con nuestra presencia, tu presencia.
Ante la pregunta que dirigiste a tus discípulos ─y que sabemos hoy la diriges a nosotros─ queremos darte una respuesta sincera desde el corazón: tú eres nuestro guía, nuestro salvador, la luz que ilumina nuestro camino y la fortaleza en nuestras debilidades. Como a Pedro, que no podía aceptar la figura de un Señor sufriente, a nosotros también nos es difícil aceptar el dolor y la contradicción. Nos quejamos y protestamos: ¿Por qué yo, por qué a mí? Pero tenemos que aprender de Ti que el dolor y la dificultad son parte de nuestra vida y, con frecuencia, son también el camino para la vida y la alegría.
Perdónanos cuando nos quejamos, y sentimos sacudida nuestra confianza. Ayúdanos a aceptar el sufrimiento como parte de nuestra vida y como una forma de crecimiento y madurez espiritual. Que sepamos seguirte, no solamente en tu camino hacia la felicidad y la alegría, sino en tu camino hacia la cruz. Señor, a tus manos nos confiamos y estamos seguros de dar con nuestras obras el mejor testimonio de decir quién eres tú. Que nuestra Madre santísima nos acompañe y en su Santo Regazo nos proteja.
Feliz jueves vocacional para todos.
