Buen amanecer y alegre despertar, para darte gracias y poder levantarnos en tu nombre. Ahora que emprenderemos un nuevo día, te pedimos nos guíes y acompañes y hagas prósperas nuestras obras y palabras. Señor, tus profetas nos recuerdan, a tiempo y a destiempo, cuáles son nuestras responsabilidades hacia ti y hacia nuestros hermanos. Te pedimos que, cuando sus palabras nos molesten y disgusten, lo tomemos como una sana molestia, y que su profecía suscite en nosotros inquietud y deseo sincero de hacer tu voluntad y de vivir en justicia y amor alrededor nuestro. Danos la ocasión de ser también nosotros, verdaderos profetas que anunciemos esperanza y optimismo. Danos valor y fortaleza para aceptar contigo cualquier sufrimiento, por tu causa, porque sabemos que el sufrimiento es la firma de autenticidad en la vida de tu verdadero discípulo. Que nuestro sufrimiento nos traiga vida, a nosotros y a nuestros hermanos. Que seamos capaces de elevar nuestra voz para corregir fraternamente a nuestros hermanos.
Te pedimos, Señor, que tu Espíritu nos ayude a ser sencillos y humildes de corazón y que no esperemos más recompensa que tu presencia en nuestras vidas. Danos la gracia de vivir este día en armonía y servicio a nuestros hermanos y danos palabras de sabiduría, para no buscar puestos de honor sino sencillamente estar cerca de ti, no pretendiendo ser honrados por los demás, sino buscando tu recompensa divina. Amén.
Un muy feliz y profético miércoles.
Reflexión Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!, la página del Evangelio, describe a Jesús, que una vez más y con gran paciencia, intenta corregir a sus discípulos convirtiéndolos de la mentalidad del mundo a la de Dios.
El mensaje del Maestro es claro: el camino del servicio es el antídoto más eficaz contra la enfermedad de la búsqueda de los primeros puestos; es la medicina para los arribistas, esta búsqueda de los primeros puestos, que infecta muchos contextos humanos y no perdona tampoco a los cristianos, al pueblo de Dios, ni tampoco a la jerarquía eclesiástica. Por lo tanto, como discípulos de Cristo, acojamos este Evangelio como un llamado a la conversión, a dar testimonio con valentía y generosidad de una Iglesia que se inclina a los pies de los últimos, para servirles con amor y sencillez.
Recomendado
Todo momento es bueno para acudir a las enseñanzas que Jesús nos dejó en su paso por este mundo. Leamos la Biblia y aprendamos el lenguaje del amor inscrito en ella.

