Alegre la mañana que nos habla de Ti. Alegre la mañana que nos anuncia tu resurrección y alegre esta mañana porque tenemos tanto para agradecerte: tu entrega, tu disponibilidad y tu gran amor por cada uno de nosotros. Hoy nuestro corazón se llena de esperanza porque tu resucitarás de entre los muertos y nos enseñarás el verdadero camino de la vida. Gracias, Señor, porque hemos experimentado contigo el camino de la Cruz y hemos encontrado sentido a nuestra vida. Hemos vaciado nuestro corazón de tantos sentimientos adversos, de tantas dificultades; porque ahora, totalmente renovados, vivimos la experiencia de tu amor, de tu entrega y disponibilidad. A partir de esta noche volvemos a la vida. La cruz del dolor y del sufrimiento es ahora una cruz de esperanza, de nueva vida, de nuevos sentimientos, de un corazón renovado para amar servir y entregar.
Toda la historia de salvación que nos regalas en las lecturas nos va mostrando tu amor y tu generosidad porque ahora es el tiempo de reconciliación de regocijo y de mucho amor. Gracias, Señor, porque las ilusiones que fuimos sembrando ahora son frutos de esperanza, de vida nueva, de amor y servicio. Permite que, a partir de esta noche, cuando escuchemos el grito ¡Resucitó! seamos colmados de bendiciones; porque también nosotros, muriendo al hombre viejo, resucitamos al hombre nuevo de la esperanza. Gracias por tu entrega en la Cruz y por tu Resurrección que nos ha dado nueva vida.
Un muy esperanzador sábado de Resurrección.
Reflexión papa Francisco
Jesús es un especialista en convertir nuestras muertes en vida, nuestro luto en danza (cf. Sal 30,11). Con él, también nosotros podemos vivir una Pascua, es decir, una Pascua: del egocentrismo a la comunión, de la desolación al consuelo, del miedo a la confianza. No mantengamos el rostro inclinado hacia el suelo por el miedo, sino que levantemos los ojos hacia Jesús resucitado. Su mirada nos llena de esperanza, porque nos dice que somos amados indefectiblemente, y que por mucho que nos compliquemos, su amor permanece inalterable. Esta es la única certeza innegociable que tenemos en la vida: su amor no cambia.
Recomendado
Todos nuestros planes y nuestros proyectos no cobrarán verdadero sentido si no los ponemos en las manos de Jesús. Él sabrá hacer su perfecta voluntad en nuestra vida.

