Gracias, Señor, por tu amor y misericordia al iniciar otra jornada en nuestro diario vivir. Hoy sales y pasas por la orilla del lago de nuestra esperanza para seguir fortaleciendo nuestros corazones en tu amor, tu bondad y generosidad. Señor, siempre experimentamos tu misericordia y perdón y tu llamado a que esperemos y confiemos en ti. No permitas que menospreciemos, y mucho menos despreciemos, a las personas que estén luchando contra su propia debilidad o que se encuentren demasiado cansadas para mantenerse en pie.
Ayúdanos a reconocer en ellas nuestra propia humanidad débil y vacilante. Concédenos un corazón comprensivo y unas manos dispuestas a ayudar y servir. Sabemos, Señor, que tú no te fijas en apariencias externas, sino que miras lo profundo del corazón. Que hoy experimentemos en nuestro ser porque ─a pesar de lo que somos, pensamos y sentimos─ tú nos miras al corazón y nos sigues llamando a servirte. Que nuestra generosidad y disponibilidad sean inmediatas como lo fue Mateo para responderte. Tú llamas concretamente para seguir tus huellas, caminar tus caminos, hacer lo que tú haces, decir como tú dices, sanar como tú sanas, anunciar como tú anuncias, amar como tú amas. NUESTRA RESPUESTA SEA EN FIDELIDAD Y AMOR. Y permítenos recordar siempre que tú: “No has venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”.
Feliz fin de semana para todos.
