Hoy, Señor, te damos gracias por la vida, por el sol que nos comienza a iluminar, por las sonrisas y las miradas que comenzamos a encontrar. Gracias, Señor, porque hoy nos das la ocasión de poder iniciar esta jornada con optimismo y verdaderos deseos de sentir la cercanía de tu amor. Queremos iniciarlo, con un corazón disponible y un espíritu generoso; que la palabra: “ven, Señor, no tardes”, sea una realidad en nuestro diario devenir; en este día, permite que descubramos la ternura del Padre Celestial y su misericordia. Sonreír, dedicar tiempo para charlar, para servir, sea nuestro primer objetivo y podamos manifestarlo en nuestras buenas obras y acciones. Permítenos, Señor, que estos días sean para nosotros de verdadera esperanza, reconciliación y alegría.
Señor Dios nuestro, Tú nos prometes salvación y sabemos que tu palabra es irrevocable. Para ti una promesa es el comienzo de su cumplimiento. Ven, Señor, a nosotros, eres quien tiene que venir y no tenemos que esperar a ningún otro. Que nuestros hermanos vean que Tú estás aquí, cuando fomentamos fidelidad y justicia entre nosotros y cuando proferimos palabras de fe, esperanza y caridad. Amén.
Que nuestra Madre Santísima y san José nos miren y acompañen.
Un miércoles Bienaventurado y generoso.
