Qué hermoso despertar el que bondadosamente nos regalas en este día dedicado a tu amor y al encuentro con los que amamos. Gracias por la alegría que das a nuestros corazones. Hoy, Señor, en tu palabra nos regalas sentimientos esperanzadores, no palabras amenazadoras, ni que infunden miedo sino palabras que están llenas de fe, de esperanza y llenas de tu amor: un cielo nuevo y una tierra nueva. Cada día vivimos momentos en que pareciera que no hubiera esperanza y no encontráramos el sendero justo y la salida apropiada a nuestras angustias, pero Tú nos aseguras que debemos confiar en tu palabra. “No se angustie ni se inquiete vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí”. Confiamos plenamente y no dudamos de tu amor.
Ayúdanos a comprender la grandeza de tu amor, tu bondad y generosidad para compartirlas con nuestros hermanos y entre todos esperemos las promesas de tu amor. Danos la ocasión para ser felices y vivir alegremente nuestras vidas compartidas con los que amamos y aquellos a quien debemos amar más. Nuestros anhelos y esperanzas para vencer los obstáculos que la vida nos presenta, los podemos superar porque contamos con tu bondadosa presencia. Ayúdanos a reconocer tus signos, porque nuestros signos ya los comprendemos. Retomando fuerzas para emprender nuevos caminos y confiando en tu misericordia, llenos de fe y esperanza podremos decir: “Protégeme Dios mío, que me refugio en Ti”. Señor, enséñame a vivir con sabiduría; a vivir con sensatez; a vivir en la ley de Dios.
Bendícenos abundantemente en este Domingo y danos la gracia de compartirlo contigo y con los que amamos.
