Por una radiante mañana, un nuevo día y nuevas fuerzas que nos das, te agradecemos lo que comenzamos a recibir de tu bondad y misericordia. Permítenos iniciar nuestras labores de este día con ilusiones y esperanzas, para llevarlas a nuestros hermanos y poder contagiarlos de optimismo y de ilusiones. Fortalécenos para que nuestras manos sean las tuyas y nuestras palabras sean las que tú coloques en nuestros labios.
Tu Hijo ha hablado con palabras duras hoy, no exclusivamente a los escribas y fariseos del pasado sino a nosotros, tu pueblo de hoy. Que estas palabras nos despierten de nuestra autocomplacencia y de nuestro encierro egoísta e indiferente que se contenta con una aparente paz, sobre el supuesto de estar tranquilos con nosotros mismos.
No permitas que nos decepcionemos ni perdamos nuestro tiempo y esfuerzo en cosas sin importancia; haznos absolutamente sinceros con nosotros mismos, con la gente y sobre todo honestos contigo. Que “No seamos jueces de nuestros hermanos”, como nos dice san Pablo. En este día, danos la gracia de que las cargas que coloquemos sobre nuestros hermanos sean tu amor y tu bondad, tu servicio y disponibilidad, para que entre todos carguemos nuestros momentos difíciles y nos ayudemos a ser plenamente felices. Amén.
Un muy feliz y colaborador miércoles llenos de servicio y disponibilidad.
