Alegremente saludamos con corazón agradecido este despertar y te pedimos, nos ayudes a vivir este día en unidad, armonía y compartido en familia. Queremos ir contigo en este caminar hacia la montaña de la esperanza y allí tener la experiencia de tu amor. Sabemos que caminar contigo implica renuncias y sacrificios, pero queremos hacerlo ya que confiamos en Ti. En tu caminar hacia la pasión y muerte, nos das en la experiencia de tu Transfiguración, un vislumbre de la gloria que te esperaba.
En la monotonía y en el sufrimiento de nuestras vidas, así como en nuestros esfuerzos, queremos que brille sobre nosotros y sobre nuestros hermanos un rayo de esperanza. Que tu luz ilumine nuestro rostro, nos anime y sostenga en el camino de nuestro diario vivir en el que no podemos decir: “qué bien se está aquí” sino que emprendamos el regreso a nuestros hermanos y contar la experiencia de nuestra propia transfiguración que nos lleva a amar y a servir muchísimo más y a comprender tu misterio de amor. En este día permítenos abrir nuestros corazones y nuestra conciencia para que iluminados en tu sabiduría nos ayudes a elegir a quienes dirigirán los destinos de nuestra Patria, golpeada por la corrupción y la indiferencia de muchos. Bendícenos abundantemente en este día y has que nuestras obras y acciones sean de verdadera transfiguración. Concédenos vivir la experiencia del monte Tabor, subiendo, orando, escuchando y contemplando. Amén. Bendecido y agradecido Domingo.
Reflexión Papa Francisco
Queridos hermanos y hermanas: ¡Buenos días!, en este segundo domingo de Cuaresma, la liturgia nos lleva a contemplar el acontecimiento de la Transfiguración, en el que Jesús permite a los discípulos Pedro, Santiago y Juan un anticipo de la gloria de la Resurrección: una visión del cielo en la tierra. El evangelista Lucas (cf. 9,28-36) nos revela a Jesús transfigurado en la montaña, que es el lugar de la luz, símbolo fascinante de la experiencia única reservada a los tres discípulos.
La Transfiguración del Señor nos muestra la perspectiva cristiana del sufrimiento. El sufrimiento no es sadomasoquismo: es un paso necesario pero transitorio. El punto de llegada al que estamos llamados es luminoso como el rostro de Cristo transfigurado: en él está la salvación, la beatitud, la luz y el amor ilimitado de Dios.

