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13-feb.-2022 domingo de la 6. ª semana del Tiempo Ordinario

Mañana plena y hermosa, mañana soleada que nos invita a contemplar las maravillas del Padre celestial. Gracias, Señor, por regalarnos este nuevo amanecer, lleno de esperanza para poder amarte y glorificarte; hoy en tu palabra nos regalas tus bienaventuranzas, también los ayes, aquellos que nos llevan por el camino equivocado. El mundo de hoy considera felices a los ricos, a los que tienen éxito, a los que gozan de salud, a los que son aplaudidos por todos, pero Tú piensas de otra manera. Esto nos recuerda que ser tus discípulos no es fácil, porque no consiste solo en estar bautizados o en hacer unos rezos o llevar algunos distintivos sino creer que eres tú y fiarnos de Ti, de tu enseñanza y en seguir tus criterios de vida, aunque nos parezcan paradójicos. Estamos seguros de que nos estás señalando una felicidad más definitiva, distinta a la que nos ofrece este mundo. Ya nos lo decía Jeremías: a la larga es sabio y tendrá razón el que pone su confianza en Dios: ese es el que puede considerarse plantado a la vera del agua viva de Dios; al contrario, el que se fia de los hombres y vive según los criterios del mundo, este no dará fruto Y no podrá llegar a la verdadera felicidad. Es como la parábola del pobre y del rico donde tú nos señalas que, en definitiva, quién es feliz es el pobre Lázaro, a quien nadie le hacía caso en este mundo, pero fue admitido a la fiesta eterna, mientas que el rico epulón, aunque tenía mucho éxito, al final fue a parar al fuego en la soledad del castigo.

Ahora nos queda una pregunta: ¿en cuál de las dos listas estamos nosotros?  donde buscamos la felicidad? Los pobres y sencillos los que no están llenos de sí mismo, son los preferidos y los destinatarios de la gracia divina y a los que mejor acoge el anuncio del reino. Hoy, Señor, danos la capacidad de la humildad, de la sencillez de saber que cuando sufrimos tú sufres con nosotros; que cuando reímos tú ríes con nosotros; que cuando somos perseguidos a ti también te persiguieron; que cuando nosotros estamos tristes entristecemos también tu corazón. Danos la capacidad de poder ser bienaventurados porque contamos contigo, porque en nuestro corazón ese sentimiento bello que nace de lo que somos, y que tú nos dejaste, eso es el aliciente para que nosotros vivamos en la felicidad, en el amor, en la entrega, en el servicio y la disponibilidad. Señor, danos la fuerza para resistir las pruebas, ayúdanos a no sucumbir a la mentalidad de este mundo sino buscar solo en el reino y en tu estilo de vida el bien más grande al que podemos llegar. Permítenos recordar que Las bienaventuranzas nos llevan a la alegría, siempre; son el camino para alcanzar la alegría. Bendícenos, guárdanos y protégenos en tu amor.

Un muy feliz y Bienaventurado domingo de descanso.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, Pbro.