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11-feb.-2022 viernes de la 5. ª semana del Tiempo Ordinario

Conmemoración de la BVM de Lourdes

Bendecidos por el amor de Dios que nos regala un nuevo día, qué bueno iniciarlo con corazón agradecido y dispuestos a retribuirle su bondad, haciendo el bien y amando a nuestros hermanos. Hoy sean nuestros pensamientos de bondad, misericordia y caridad, contando con tu ayuda y llevando tu presencia.

Señor, a ti te llevaron un hombre sordo y tartamudo, que tenía mucha dificultad para comunicarse y relacionarse, que prácticamente vive aislado y solo. Y te suplican que le impongas las manos. Tú lo llevaste aparte, metiste tus dedos en sus oídos y le tocaste la lengua con tu saliva. Qué experiencia tan hermosa, debió ser para este hombre, que recibió mucho más de ti. No sólo le devolviste su vida, sino que se llevó algo de ti. Qué bello experimentar en este día la grandeza de tu amor, que nos devuelves los oídos para escuchar tus palabras que nos invitan a amar y servir a nuestros hermanos. Qué bueno, Señor, que toques nuestra lengua para que sean sólo palabras edificantes las que pronunciemos. Qué bueno, Señor, que nos abras también los oídos para escuchar tu voz y oír el clamor de nuestros hermanos en necesidad. En este último día laboral celebramos a nuestra santísima madre en su advocación de Nuestra Señora la virgen de Lourdes. Gracias, Señor, por el amor de nuestra madre santísima, porque ella como Madre de la ternura y de la bondad siempre se ha preocupado de sus hijos, sobre todo de nuestros hermanos enfermos. Hoy nos colocamos en tus manos y te pedimos que la intercesión de Ella, nos ayude en todo momento; que podamos encontrar nosotros la gracia de su infinito amor y su misericordia, pero ante todo su obediencia. En la gruta de Lourdes ella se manifestó en ese amor tan grande, tan hermoso a santa Bernardita. Es allí en esa gruta, en la que quisiéramos permanecer al lado de Nuestra Madre Santísima. Gracias, Madre, por todo este amor que nos das; por ser nuestra intercesora y gracias por mostrarnos ese camino de amor de salud y de bienestar que nos conduce siempre hacia tu hijo. Ahora que iniciamos nuestra jornada, santifícanos en tu amor, bendícenos con tu presencia y guárdanos en tu misericordia. Concédenos un día esplendoroso y lleno de felicidad por las buenas obras y acciones que podamos realizar. Gracias, Señor.

Un muy feliz y mariano viernes.

 

ORACIÓN A LA VIRGENCITA DE LOURDES

¡Oh amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra!

Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos,

acudimos en las horas amargas de la enfermedad a tu maternal corazón, para pedirte que derrames a manos llenas el tesoro de tu misericordia sobre nosotros.

Indignos somos por nuestros pecados de que nos escuches,

Pero acuérdate que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a ti haya sido abandonado.

¡Madre tierna! ¡Madre bondadosa! ¡Madre dulcísima!

Ya que Dios obra por tu mano curaciones sin cuento en la Gruta prodigiosa de Lourdes,

sanando tantas víctimas del dolor,

guarda también una mirada de bendición para nuestros hermanos enfermos.

Alcanzadles de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud,

si ha de ser para mayor gloria de Dios.

Pero mucho más alcanzadnos a todos los perdones de nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un amor grande y eterno a nuestro Dios, prisionero por nosotros en los Sagrarios. Amén.

Virgen de Lourdes, rogad por nosotros.

Consuelo de los afligidos, rogad por nosotros.

Salud de los enfermos, rogad por nosotros.

Rezar tres Avemarías.

 

ORACIÓN

Señor, gracias por todos los momentos que me das y en los que me permites que te abra el corazón y te muestre todo lo bueno que aún permanece en mí. Abro mis sentidos a Ti, a tu Gracia, para entender definitivamente que la posesión más grande que tengo es saber que reinas en mi corazón. Ayúdame a no perder esto de vista.

Ven mi Dios, hazme comprender que soy una persona débil, que me hace falta el poder de tu amor para transitar a través de los difíciles caminos de esta vida. Pero estoy convencido de que, a tu lado, todo lo puedo. 

Gracias por hacerme ver que la única forma en que puedo vencer mis temores es desde el amor, la fe y la esperanza que tengo depositada en Ti. Nada puedo sin Ti, y todo lo puedo superar estando de tu lado.

Acudo a tu poderosa Presencia para que grites a todo mi ser: "¡Effetá!", y así abras mi corazón a nueva vida. Ruego para que me llenes de fuerzas, de ánimo y confianza para levantarme de los duros golpes de la vida que ha sufrido mi alma.

Tú eres el Dueño de mi vida, por eso, pronuncia también tu "¡Effetá!", a mi corazón, para que desates todo dolor que hay en él, por la temible desesperación de vivir silenciosamente el dolor de todas sus heridas.

Pronuncia tu gran "¡Effetá!", y sacude mi espíritu, para así arrancar de mi vida toda manifestación de vanidad y orgullo que quieren quebrarme y corromperme. Confío en tu acción poderosa, en que no abandonas a ninguno de tus hijos y que me libras de toda emoción negativa para sentir tu amor a plenitud. Amén.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, Pbro.