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10-feb.-2022 jueves de la 5. ª semana del Tiempo Ordinario

Día para iniciarlo en tus manos y sentirnos en tu presencia.

Día para iniciarlo en tus manos y sentirnos en tu presencia. Danos la gracia y la fortaleza para que podamos realizar alegres y optimistas las obras que tú deseas que realicemos. Hoy te pedimos que sea un día agradable y sin preocupaciones; si las hay, que tengamos la seguridad de que tú nos ayudarás a salir adelante.

Muchas veces tenemos actitudes negativas que nos llevan a fallarles a nuestros hermanos. Hoy nos enseñas que los prejuicios pueden llevarnos a lo negativo y a no valorar el verdadero sentido que pueden tener para nosotros nuestros hermanos, sobre todo los débiles, los heridos en el corazón, los enfermos, desconcertados… Sin embargo, tu actitud es diferente, para ti no existen fronteras en la misericordia, a todos anuncias tu palabra y haces el bien. Te das a todos, en especial a los más necesitados. En este pasaje es a la hija endemoniada de la cananea, mañana será el sordo, luego al paralitico, al ciego…, así es tu bondad, Señor, porque tú no miras más que el corazón y nuestras necesidades. Que en esta jornada miremos con los ojos del corazón y colocando en tus manos todo lo que hay en él, nuestros sueños e ilusiones, con la esperanza de que nos ayudes a hacerlos realidad con la fuerza de tu Espíritu. Ponemos en tus manos nuestras preocupaciones, temores, y dificultades, nuestros miedos.  Señor, hoy estarás llenándonos de todo lo necesario para ser felices. Gracias por salir a nuestro lado a iniciar este nuevo día. Un muy feliz testimonial y vocacional jueves.

ORACIÓN

Señor, cuan agradecido estoy Contigo por entrar en mi vida y mostrarme el camino que necesito alcanzar para lograr mi felicidad y la de mis seres amados. De Ti provienen todas las fuerzas y el verdadero amor que me impulsa a seguir adelante en los altibajos de mi vida.

Creo en Ti, Señor Jesús, pero aumenta mi fe. Dame una fe tan poderosa capaz de arrancar milagros en tu amor, como la de aquella mujer cananea que no le importó humillarse y rogar tu misericordia.

También Señor, dame un poco de esa fe para poder sanar las heridas de mi corazón, una fe que me dé esperanza y que me haga fuerte en medio de la prueba.

Tú me invitas a no desistir, a invocar siempre tu auxilio, a nunca desesperar por muy duros que sean los desafíos, las crisis o dificultades, pues Tú jamás dejas solo a ninguno de tus hijos.

Perdón, amado mío, por las veces en que creí merecerlo todo y no aceptar el sufrimiento con humildad, dando paso al orgullo que ha endurecido mi corazón. Perdona mi debilidad, no te olvides de este pecador insensato que ansía con gran ardor volver su corazón a Ti y contar con tu presencia y tu bendición. Sé que Tú estarás a mi lado siempre dispuesto a acompañarme para que, con tu poder, me ayudes a alcanzar mi proyecto de vida. Amén. (Autor: Qriswell J. Quero de Pérez)

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, Pbro.