Despertamos y te damos gracias por este maravilloso amanecer y este día de descanso reparador. Al iniciar este mes tan especial dedicado a la Madre del cielo y a las madres de la tierra, nos colocamos en tus manos y te pedimos que lo bendigas y bendigas nuestras obras y acciones. Que este Domingo sembremos en el terreno de la esperanza las semillas de amor, servicio, fraternidad y solidaridad; al final del mes encontremos cosechas abundantes de ilusiones y anhelos realizados.
Permítenos, como san José obrero (a quien por fecha celebraríamos hoy), tomar con responsabilidad la oportunidad de perfeccionar tus obras. Qué él nos mantenga fieles en el empeño de llevar a cabo la tarea que nos has encomendado. Haz que consideremos todo trabajo, por humilde que sea, como algo que nos ennoblece y engrandece. San José sirvió a la Sagrada Familia de Nazaret con el trabajo de sus manos. Ayúdanos a poner todo nuestro corazón en la tarea que nos has encomendado.
Ahora es momento para darte gracias porque también iniciamos este día dedicado a tu presencia amorosa y bondadosa. Quizás sintamos envidia de los Apóstoles, porque te vieron y te experimentaron después de que resucitaste de entre los muertos. Pero no hay ninguna razón para tenerles envidia. Si tenemos fe, nosotros también te experimentamos como resucitado, vivo, presente, y compartiendo nuestra vida. Si tenemos fe, sabemos que Tú estás aquí cuando sufrimos contratiempos y fracasos, o cuando nos regocijamos por cosas bellas de la vida. Si tenemos fe, sabemos que estás ahí cuando nos fortalecemos y animamos unos a otros. Si tenemos fe, sabemos que estás con nosotros cuando compartimos una comida de amistad y especialmente cuando participamos y comemos con nuestros hermanos.
Sintámonos felices: ¡Tú has Resucitado y estás con nosotros en nuestra vida! En este día de descanso, Domingo dedicado a Ti, te pedimos: Danos suficiente fe y amor para verte cuando inspiras y guías nuestras vidas por el camino de la justicia y la compasión, la solidaridad y la fraternidad. Haz que sintamos tu presencia cuando nos esforzamos y luchamos, aunque nos parezca que lo hacemos en vano y pasamos la noche intentando pescar, pero no es posible. Haznos conscientes de que Tú estás en medio de nosotros cuando nos reunimos en familia para orar juntos, porque allí seremos fuertes y alegres. Que siempre mantengas encendida la brasa de la esperanza para que, cuando tengamos hambre de ti, siempre estén los peces del amor y sacies nuestras hambres. Danos la iluminación del Espíritu para que como Pedro te respondamos: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero». A Ti te alabamos, te bendecimos y te glorificamos, dándote gracias. Amén.
Un muy feliz, esperanzador y testimonial Domingo; feliz día del trabajo y que este sea santificado por el Señor. FELIZ INICIO DE MES.
