TRIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO B (NOVIEMBRE 7 DE 2021)
Ya vamos llegando con el Señor. Él llega a Jerusalén y allí se encuentra en el templo con la gente como lo veremos hoy en el Evangelio. Ya nos vamos aproximando al final del año litúrgico y dispuestos a celebrar la navidad. Te invito a escuchar al Señor, Él te pide generosidad, no fariseísmo, es decir traición. Prepara tu encuentro con Él.
MONICIÓN DE ENTRADA
Queridos hermanos, nos alegramos de tenerles aquí, nuevamente en la casa de Dios para celebrar esta Santa Eucaristía, en el Trigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, ya casi finalizando este ciclo litúrgico.
Hoy la palabra nos interpela y nos lleva a hacer un examen de conciencia sobre el estado de nuestro corazón. El ejemplo de dos viudas nos llevará de la mano.
Dispuestos a dejarnos instruir por esta palabra, comencemos a celebrar mejor el sacramento de la Eucaristía, memorial y actualización del sacrificio de Cristo. De pie, cantamos...
MONICION ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS
Los textos de la primera lectura y del evangelio de hoy están marcados por la presencia de sendas viudas pobres. Una ayuda generosamente a un enviado de Dios, el profeta Elías. La otra se convierte en ejemplo de entrega total y desinteresada para los discípulos. En ambas se realiza la Palabra de Dios que, como dice el salmo, “sostiene a la viuda”. Con mucha atención Escuchemos.
PRIMERA LECTURA
Lectura del primer libro de los Reyes (17,10-16)
En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: «Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba.»
Mientras iba a buscarla, le gritó: «Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan.»
Respondió ella: «Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos.»
Respondió Elías: «No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra."»
Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.
Palabra de Dios.
SALMO RESPONSORIAL
Alaba, alma mía, al Señor.
Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
Alaba, alma mía, al Señor.
El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.
Alaba, alma mía, al Señor.
Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
Alaba, alma mía, al Señor.
SEGUNDA LECTURA
Lectura de la carta a los Hebreos (9,24-28)
Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres imagen del auténtico, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.
Palabra de Dios.
EVANGELIO
Lectura del santo evangelio según san Marcos (12,38-44)
En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa.»
Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales.
Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»
Palabra del Señor.
HOMILÍA
LA VIUDA, ¿GENEROSA O VÍCTIMA?
Jesús y sus discípulos llegan a Jerusalén, última etapa de su largo viaje desde Galilea.
Durante el camino los discípulos conversan, discuten y rivalizan entre sí. Sus aspiraciones son meramente terrenales. Jesús, con poco éxito, les catequiza y les explica los motivos del viaje como hemos comentado los pasados domingos.
Y en Jerusalén, el Templo con mayúscula, el centro del culto, del poder, de la economía y de la vida judía.
Cuentan que una parroquia hizo una colecta extraordinaria para pagar las obras de la iglesia. El domingo de la colecta los feligreses depositaban sus sobres en las bandejas y los ujieres observaron como una señora se quitaba un valioso anillo y lo echaba en la bandeja.
Terminada la misa la buscaron y le dijeron: ahí tiene su anillo, no lo necesitamos, hemos colectado suficiente dinero para pagar las obras.
La señora se lo dio de nuevo y les dijo: “No se lo he dado a ustedes, se lo he dado a Jesucristo”.
Bartimeo, el hombre de la orilla, tuvo más suerte que la viuda del evangelio de hoy. Jesús le llamó y le devolvió la vista.
Hoy, la viuda sin nombre es solamente espiada por Jesús en el Templo. No la llama, no la sana, no la alaba, simplemente la espía de lejos.
Los discípulos seguro que estarían impresionados por el espectáculo, tal vez fuera su primera visita a la gran ciudad. Asistían al momento de la colecta, sonaba el ruido de las monedas y el silencio de los cheques generosos de los escribas.
Había que alimentar a la bestia, el Templo, y a sus guardianes, los escribas, que “les encanta que les hagan reverencias y que devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos”.
Jesús, antes de fijarse en la viuda, ha denunciado el Templo que será destruido por haberse convertido en un “banco malo”, en devorador y explotador de los pobres y de las viudas y acusa a sus guardianes, los escribas, de duplicidad. Más que servidores de Dios son mercaderes al servicio de la bestia que es el Templo.
¿Qué impresiona a Jesús?
Ciertamente no le impresionan los escribas, son pura hipocresía, son “sepulcros blanqueados”.
A Jesús le impresiona la viuda que ha echado poco en el cepillo del Templo, pero, según Jesús, la viuda debería estar en el Guinness Book of Records por haber echado todo, “todo lo que tenía para vivir”.
¿Le dio a Dios todo como la joven del anillo? ¿O por miedo se lo dio a los escribas? Seguro que se lo dio a Dios.
Jesús no habló con ella, no le dijo como al escriba del domingo pasado “no estás lejos del Reino de Dios”. No manda a los discípulos que la imiten. Sí hay un severo aviso a los escribas y al clero de todos los tiempos “cuidado con los escribas y…”.
El evangelio de la pobre viuda es un bonito pretexto para que los predicadores de todas las iglesias exhorten a sus feligreses a dar generosamente.
Las iglesias de todos los colores, como todo lo humano, son parte Templo-bestia y parte Templo-divino, son negocio y caridad, son ricas y pobres, son santas y pecadoras.
Como dijo Pedro una vez: “No tengo oro ni plata, pero en el nombre de Jesús sé sanado”.
La mayor y la mejor riqueza de la Iglesia no son sus grandes templos ni sus tesoros artísticos sino su libertad y su servicio generoso a los pobres y su anuncio de Jesucristo, su Señor y su riqueza. Todo lo demás le sobra. La Iglesia no anuncia el evangelio de la prosperidad sino el evangelio de la comunión y de la encarnación entre los pobres.
La Iglesia no debe caer en la trampa del dinero, ha caído tantas veces a lo largo de los siglos, que es bueno si se pone al servicio de los pobres y que es diabólico y maldito si lo acumula para alimentarse a sí misma.
Los medios de comunicación, estos días, han alabado el gesto de un empresario que ha echado en el cepillo de Cáritas 20 millones de euros, un cheque generoso. Entre nosotros es noticia, más que por la cantidad por la escasez de tales gestos.
Jesús nos recuerda hoy que hay que dar, no lo que nos sobra, sino hasta que nos duela.
Jesús es la viuda que lo da todo y es el único ejemplo que nosotros tenemos que imitar.
Dios no necesita nada. Sus hijos sí.
Hoy es un hermoso día para que yo les dé las gracias a todos los que con su dinero dado a Dios y a su parroquia nos ayudan a pagar nuestras obras y servicios.
La colecta que hacemos los domingos debiera ser no un rito triste sino gozoso, damos nuestros anillos a Dios. Gracias a todos.
ORACIÓN UNIVERSAL
- Por el Papa Francisco, por nuestro obispo Monseñor Luis José Rueda, y por todos los obispos: para que Dios les conceda sabiduría y fortaleza para dirigir al pueblo santo de Dios. Roguemos al Señor.
- Por nuestros gobernantes: para que Dios nuestro Señor dirija su voluntad en el servicio de la justicia, de la libertad y de la paz. Roguemos al Señor.
- Por el eterno descanso de nuestros familiares, bienhechores y amigos difuntos: para que Dios los purifique de sus faltas, los llene del gozo de los santos y les dé parte en el reino glorioso de su Hijo. Roguemos al Señor.
- Por un aumento en las vocaciones a la vida religiosa y sacerdotal, Roguemos al Señor.
- Por nosotros aquí reunidos: para que imitemos la generosidad de la viuda del Evangelio y sepamos compartir no lo que nos sobra sino de lo que tenemos para vivir. Roguemos al Señor.
EXHORTACIÓN FINAL
Te alabamos, Padre, porque en la viuda pobre y generosa
Cristo nos mostró un ejemplo vivo de religión verdadera,
modelo de la adoración y entrega que él practicó y tú prefieres.
Nuestras calculadoras no coinciden con tus matemáticas, Señor,
porque donde nosotros sumamos cantidad, tú multiplicas calidad.
Enséñanos hoy a conjugar los verbos dar y compartir,
para entregar a los demás amor y acogida, respeto y sonrisa,
amistad y tiempo, comprensión y felicidad, alegría, vida y pan.
Danos, Señor, una fe que nos lleve al desprendimiento y
la auto donación, y concédenos la generosidad de los pobres,
para que nos entreguemos a ti y a los hermanos.
Amén.
