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SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS  (JUNIO 24 DE 2022)

MONICIÓN DE ENTRADA

La Eucaristía es el encuentro vivo con Aquel que nos ha amado hasta el extremo de dar su vida en la cruz por todos nosotros. La Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús nos quiere adentrar en este misterio, contemplando particularmente su corazón traspasado. Celebremos con fe, pidiéndole al buen Dios que nos ayude a comprender cada vez más la grandeza de su amor, dejándonos atraer por él y convertirnos en portadores de su mensaje de amor.

 

MONICIÓN ÚNICA PARA TODAS LAS LECTURAS

Dios nos ha creado como fruto de un designio amoroso y cuando por el pecado nos alejamos de su corazón bueno, se ha acercado nuevamente para ofrecernos su salvación. Escuchemos con atención la Palabra que hoy nos dirige y en la cual nos cuenta lo mucho que nos ama y cuánto desea acercarse a cada uno de nosotros para ofrecernos la vida eterna.

 

PRIMERA LECTURA

Lectura del libro del Deuteronomio (7,6-11)

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: «Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy.»

Palabra de Dios.

 

SALMO RESPONSORIAL

La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

 

La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.

 

La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.

 

La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.

La misericordia del Señor dura siempre, para los que cumplen sus mandatos.
 

SEGUNDA LECTURA

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,7-16)

Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios.

 

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30)

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor.

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

Presentemos a Dios nuestras intenciones con la confianza que nos da nuestra condición de hijos e invoquémosle, diciendo:

DIOS DE AMOR, ESCÚCHANOS.

  1. Por la Iglesia, para que, iluminada por el Espíritu Santo, pueda llevar hasta los confines de la tierra tu mensaje de salvación. Oremos al Señor.
  2. Por el gobierno de Colombia, para que sea signo de unidad y de reconciliación entre todos los poderes públicos del estado y los diversos movimientos políticos y religiosos de nuestro país. Roguemos al Señor.
  3. Por el pueblo santo de Dios, que peregrina en Colombia, para que en el costado traspasado de Cristo, encuentre la fuente del perdón y la reconciliación. Roguemos al Señor.
  4. Por todos nosotros, para que nos abramos a la acción del Espíritu Santo y comprendamos cada vez más la anchura, la profundidad y la largueza del amor de Cristo y, así, nos dejemos transformar por Él y manifestemos su amor a los demás a través de nuestras acciones y re- acciones. Oremos al Señor.
  5. Por las Familias, para que en el Encuentro mundial que se está desarrollando en Roma, redescubran su vocación al amor y, vuelvan a ser Iglesias domésticas, escuelas del más rico humanismo cristiano, como la de Nazaret. Oremos al Señor.

 

ORACIÓN CONCLUSIVA

Recibe Padre santo estas súplicas que te hemos dirigido por mediación de tu Hijo, imagen visible de tu amor que lo ha dado todo por nuestra salvación, que alcancen tu corazón tierno y misericordioso y obtengan abundantes gracias para nosotros, tus hijos, que en medio de este mundo caminamos con la esperanza puesta en Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

 

ACTO DE CONSAGRACIÓN DE COLOMBIA AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Señor Jesús, nuestro Redentor y Salvador: venimos ante Ti en este día de acción de gracias.

Tuyos somos y tuyos queremos ser y, para manifestar públicamente nuestra fidelidad, queremos en este día renovar como colombianos nuestra consagración a Ti: esa consagración que hicimos el día de nuestro bautismo.

Señor, necesitamos que renueves en nuestra patria la fuerza de la fe, sabemos que muchos aun no te han conocido, otros han rechazado tu evangelio y otros han renegado de ti.

Te pedimos que, con la fuerza de tu Espíritu, los atraigas todos al amor de Padre, manifestado en tu divino corazón.

Señor, ejerce tu reinado de amor no sólo sobre aquellos que nunca se han alejado de Tí, sino también sobre aquellos que te han abandonado o viven una fe sin sentido: haz que todos vuelvan, como el hijo pródigo, a la casa paterna.

Mira, Señor, con amor a nuestra amada patria Colombia que consagramos orgullosos una vez más a tu patrocinio, desde el océano atlántico hasta el océano pacifico, desde la Guajira hasta el Amazonas, desde Nariño hasta Arauca, desde san Andrés y Providencia hasta el Vaupés, todo el nuestro territorio quede marcado con la insigne imagen de tu corazón.

Tú sabes que la han invadido muchas semillas de maldad, de odio, de violencia. Tú conoces que la idolatría de la riqueza y la corrupción han ahogado la verdad y la justicia.

Concede a esta tu tierra colombiana por fin la tan anhelada paz que solo tú puedes traernos, y a nosotros, tus hijos, ayúdanos a ser auténticos testigos de tu reino.

Concédenos igualmente, Señor Jesús, la gracia de que en Colombia se mantenga siempre viva la fe en ti y en tu Iglesia.

Finalmente te consagramos, Señor, nuestras familias, fundamento de la sociedad y de la Iglesia.

Con el don de tu Espíritu fortalece y reanima nuestros hogares, para que cada uno sea de veras pequeña y primera comunidad cristiana, por la fe, la oración y el testimonio. Y que de ellas salgan legiones de hombres y mujeres que queriendo llevar una vida consagrada a tu servicio puedan saciar la inmensa sed de amor de tu adorable corazón.

Que la bandera tricolor dance gloriosa con el viento en este día de júbilo para todo nuestro pueblo, pues sabemos que el Rey y Señor ha estado grande con nosotros y sus proezas se conocen de extremo a extremo del mundo.

Su corazón santísimo ha sido fuente inagotable de amor y bendición para nuestra tierra y lo seguirá siendo mientras levantemos con fe y humildad nuestros corazones al cielo.

Que en el mundo reine para siempre tu adorable corazón, Jesús dulce maestro, que llegue a nosotros tu Reino, el Reino de la verdad y de la vida, el Reino de la justicia, el amor y la paz.

Amén.