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Domingo 1º del Tiempo de Cuaresma Domingo 06 de marzo de 2022

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Toda persona que no quiera vivir desequilibrada, debe saber mantenerse lúcida y vigilante ante las posibles equivocaciones que puede cometer en la vida. Quizás una de las aportaciones más válidas de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios y Salvador, es la de poder ofrecer a quienes lo conocemos y seguimos, la posibilidad de ser cada día más humanos. En Jesús podemos escuchar el grito de alerta ante los graves errores y equivocaciones que nos acechan siempre como personas... de las tentaciones que a todos, a todos, nos siguen, nos persiguen.

La primera equivocación es la de considerar la satisfacción de nuestras necesidades materiales como el objetivo último y absoluto. Pensar que nuestra felicidad última se encuentra en la posesión y el disfrute de los bienes. Según Jesús, esa satisfacción de las necesidades materiales, con ser muy importante, no es suficiente. Cada uno de nosotros se va haciendo humano cuando aprendemos a escuchar la Palabra del Padre que nos llama a vivir como hermano. Entonces descubrimos que ser humano es compartir, y no poseer… dar, y no acaparar… crear vida, y no explotar al hermano.

La segunda equivocación es la de buscar el poder, el éxito y el triunfo personal, por encima de todo y a cualquier precio. Incluso, volviéndonos ególatras. La egolatría consiste en el culto o adoración de sí mismo, es decir, consiste en la admiración excesiva de alguien hacia su propia persona.

Según Jesús, nosotros acertamos, no cuando buscamos nuestro propio prestigio y poder, en la competencia y la rivalidad con los demás, sino cuando somos capaces de vivir en el servicio generoso, desinteresado e incondicional a los hermanos.

La tercera equivocación es la de tratar de resolver el problema último de la vida, sin riesgos, luchas ni esfuerzos, utilizando interesadamente a Dios de manera mágica y egoísta. Según Jesús, entender así la religión es destruirla. La verdadera fe no conduce a la pasividad, la evasión de la realidad y la huida ante los problemas. Al contrario, si hemos entendido un poco lo que es ser fiel a un Dios, Padre de todos, nos arriesgamos cada día más en el esfuerzo por lograr una sociedad de personas más libres y más hermanos.

Autor:
Monseñor Sergio Pulido Gutiérrez