Feliz y bendecido sábado que nos regalas, Señor, como parte de lo que esperamos sea un merecido descanso. Y ahora permítenos elevar nuestra oración para darte gracias por el camino recorrido durante esta semana. Lo hacemos en agradecimiento por todo lo recibido y que podamos gritar como aquella mujer del pueblo que suponemos estaba entre la multitud y no tuvo rubor o vergüenza en aquel momento porque así lo sentía y así lo dijo en voz alta “Feliz el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron”. Esta mujer debió sentir en lo profundo de su corazón tu presencia. Ella estaba seducida, arrebatada por tus palabras porque hablabas con autoridad.
Por eso las palabras que le devolviste: “Felices los que escuchan la Palabra de Dios y la guardan”. Con esto indicabas que en tu Santísima Madre se cumplía esta felicidad y que ella era la “tierra buena” que se abre a la siembra de la Palabra. Nos lo enseña San Agustín: “María concibió a Jesús antes en su corazón que en su vientre”. Te damos gracias por la grandeza de tu amor, porque por medio de él comprendemos lo que quieres y esperas de nosotros y es que seamos dóciles a tu palabra, que la escuchemos y ante todo la pongamos en práctica. Al honrar a nuestra Madre, como ella guardemos tu palabra en nuestros corazones y de allí las saquemos para amar, perdonar y servir como tú nos sirves. En este día, seamos portadores de esperanza y caridad a nuestros hermanos que viven tantas situaciones negativas porque no escuchan tus palabras. Como san Luis Bertrán a quien veneramos en este día seamos nosotros portadores de tu amor, de tu cercanía y dulzura y así como él fue un hombre religioso, austero y penitente que encarnó profundamente la contemplación, podamos contemplarte en nuestros hermanos.
Un muy feliz y descansado fin de semana.
