Nuevo día, nuevo amanecer, todo bendecido en el amor de Dios.
Señor, Desde el evangelio, concédenos sentirnos pobres con los hambrientos, andar a tientas con los ciegos, para que experimentemos el mensaje de tu palabra y lo compartamos como buena noticia con todos los que nos rodean. Que, a pesar de los problemas y dificultades, nuestros corazones estén alegres porque te tenemos a Ti. Que nuestra dicha sea sostenida por pensar en lo que somos más que en lo que tenemos.
Permítenos y ayúdanos, Señor, a vivir en alegría y esperanza en cada momento de nuestras vidas para que se hagan realidad tus palabras en cada uno de nosotros. Que seamos dichosos a pesar del hambre que podamos tener, de la sed que seca nuestra boca, de la tristeza e incertidumbre que muchas veces nos dominan. Lo más importante será que todo cambiará porque seremos saciados en tu amor, consolados en tu esperanza y bendecidos con tu presencia. Gracias, Señor, por este nuevo día y sobre todo por la esperanza que nos infundes. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Amén.
Feliz y descansado lunes.
Palabra del Papa
La palabra bienaventurados (felices), aparece nueve veces en esta primera gran predicación de Jesús. Es como un estribillo que nos recuerda la llamada del Señor a recorrer con Él un camino que, a pesar de todas las dificultades, conduce a la verdadera felicidad. Queridos jóvenes, todas las personas de todos los tiempos y de cualquier edad buscan la felicidad. Dios ha puesto en el corazón del hombre y de la mujer un profundo anhelo de felicidad, de plenitud. ¿No notáis que vuestros corazones están inquietos y en continua búsqueda de un bien que pueda saciar su sed de infinito? […] Y así, en Cristo, queridos jóvenes, encontrarán el pleno cumplimiento de sus sueños de bondad y felicidad. Sólo Él puede satisfacer sus expectativas, muchas veces frustradas por las falsas promesas mundanas. Como dijo san Juan Pablo II: “Es Él la belleza que tanto les atrae; es Él quien les provoca con esa sed de radicalidad que no les permite dejarse llevar del conformismo; es Él quien les empuja a dejar las máscaras que falsean la vida; es Él quien les lee en el corazón las decisiones más auténticas que otros querrían sofocar. Es Jesús el que les suscita el deseo de hacer de su vida algo grande” (S. S. Francisco, Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2015).
