Bello día y bello amanecer el que nos regalas, Señor, para poder sentir la alegría en nuestro corazón, porque podemos honrar a tu madre santísima y madre nuestra. María nos guía en el camino a todos los que caminamos hacia Ti Señor. Hoy aplicamos a María, la virgen concebida sin pecado, las palabras del profeta: “Me regocijo de alegría en el Señor, mi alma se alegra en mi Dios”. Porque eres como el jardín de donde el Padre Celestial hace brotar la buena semilla. Porque es la sierva del Señor y la imagen de lo que habríamos de ser. Dios es fiel a sus promesas y, por medio de María, Tú has venido a nosotros. María es, la primera y la única que fue preservada del pecado. Ella es el paraíso restaurado donde Dios y nosotros nos encontramos mutuamente. Gracias Madre porque con tu “SÍ” nos abriste las puertas del amor y la ternura, al ser la “humilde Sierva del Señor”. Cuando dijiste “Sí” a los planes divinos, nos diste al Salvador.
Acepta Señor nuestro “Sí”, para que podamos llevar tu vida y tu esperanza a todos nuestros hermanos. Que éste sea el sacrificio que te agrade, y que nos haga crecer día a día en tu justicia, tu amor tu servicio y generosidad. Amén.
