Darte gracias, es abrir nuestros ojos y contemplar el día que comienza a nacer, es experimentar alegría y felicidad y deseos de hacer las cosas según tu voluntad, pero muchas veces sentimos que nuestro optimismo no es fuerte y caemos en debilidades, nos invaden temores y el miedo corre por nuestras venas. Con frecuencia tenemos miedo de afrontar el futuro, de comprometernos a hacer el bien a nuestros hermanos e incluso de tener confianza en nosotros mismos, en nuestras emociones y en nuestras fuerzas positivas. Danos esta palabra de aliento: «ánimo soy yo, no tengan miedo», fortalécenos en tu amor para que tengamos la seguridad de que no hay nada que temer y de que tú nos amas tal como somos, porque tú eres nuestro Hermano. Gracias, Señor, por darnos la fortaleza necesaria para servir en este día y hacerlo con los dones que de Ti hemos recibido. No permitas que el viento contrario del egoísmo nos impida seguir adelante y, por el contrario, tengamos tu presencia en nuestros corazones. Bendícenos abundantemente y permítenos tener sentimientos de generosidad. Amén.
Un muy feliz y esperanzador miércoles.
PALABRA DEL PAPA
Ahora, Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca, que Dios está cerca. Aquí está la novedad, el primer mensaje: Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro. Y esta cercanía de Dios con su pueblo es una costumbre suya, desde el principio, incluso desde el Antiguo Testamento. Le dijo al pueblo: “Piensa: ¿Dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como yo lo estoy contigo?” (cf. Dt 4,7). Y esta cercanía se hizo carne en Jesús. Es un mensaje de alegría: Dios vino a visitarnos en persona, haciéndose hombre. No tomó nuestra condición humana por un sentido de responsabilidad, no, sino por amor. Por amor asumió nuestra humanidad, porque se asume lo que se ama. Y Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos. Él desea estar con nosotros, darnos la belleza de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y de sentirnos amados. (Francisco – Misa en el Domingo de la Palabra de Dios, 26 de enero de 2020)
ORACIÓN
Señor, tu inconmensurable amor ha echado fuera de mí mis grandes miedos, el miedo a la muerte, pues sé que solo es la entrada a la eternidad contigo; el miedo a la desaprobación de la gente, pues lo que más me importa es lo que tú piensas de mí. Sin embargo, reconozco que aún hay temores arraigados y de los cuales estoy seguro de que la razón es que no he dejado que la seguridad de tu amor penetre hasta esas áreas; por eso, Dios mío, te entrego mis temores y te pido que los tornes en un derramamiento profundo y sanador por tu gran amor. Amén.
Reflexión del Evangelio por Paola Treviño, consagrada del Regnum Christi.
Hoy Cristo nos sale al encuentro y nos dice: ‘no tengan miedo, soy yo’. Los apóstoles acababan de ver la multiplicación de los cinco panes y los dos peces. No había pasado ni un solo día. Nosotros llevamos casi catorce días del gran milagro, del gran acontecimiento, pero se nos embota la mente y Cristo nos dice: ‘no tengan miedo, soy yo’.
Los apóstoles tenían el corazón endurecido, no lograban ver las gracias y las bendiciones. Que a nosotros no nos pase lo mismo, que no se nos olvide que no vamos caminando solos. Cristo siempre está presente a nuestro lado, aunque la barca se meza más de lo normal, aunque las olas, los problemas, azoten con fuerza, aunque los vientos, las pasiones, los sentimientos sean fuertes, jamás olvidar que Cristo sale a mi encuentro y me dice: ‘no tengas miedo, soy yo. Confía’.
Él no permitirá que mi barca se hunda. Confiar en Él. Para ello hay que tener el corazón abierto, sensible a su presencia en mi vida. Poner a los pies de Cristo todos mis problemas, preocupaciones, dificultades del día de hoy con la confianza y certeza que Él se encargará de ello.

