Este día, que iniciaremos por tu bondad y misericordia, nos abra al amor y servicio con el que quieres que lo vivamos. Al escuchar tu palabra, somos invitados a una conversión personal y sincera.
Te hiciste el encontradizo con el perseguidor de los cristianos en el camino de Damasco; fue un encuentro que cambió radicalmente a Saulo y lo transformó en Pablo. Te identificas con tus discípulos perseguidos al preguntarle: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” Él se dejó encontrar por ti y se transformó en una persona totalmente nueva, completamente cambiada. Desde aquel momento en adelante, Saulo te servirá y la vida la vivirá plenamente: “Ya no soy yo quien vivo; es Cristo quien vive en mí…”
Ojalá nuestro encuentro contigo sea tan profundo que nos transforme de la misma manera que a Pablo, ya que Tú nos dices hoy: “Los que comen mi carne y beben mi sangre viven en mí y yo en ellos”. Que Tú vivas plenamente en nosotros y nosotros en Ti. Bendícenos en tu bondad, guárdanos en tu misericordia y protégenos en tu amor.
Que sea un muy fraterno viernes.
