Pasar al contenido principal

6-jun.-2022 lunes después de Pentecostés

Bienaventurada Virgen María, madre de la Iglesia

Terminada la Pascua con la fiesta de Pentecostés te damos gracias, porque iniciamos este tiempo ordinario que tú nos regalas con una memoria muy hermosa, recordando a tu Santísima Madre como madre nuestra. Nos das la alegría de podernos acoger a ella, Madre de los creyentes, madre el amor, para iniciar este tiempo de gracia, de amor y de servicio, contando que ella nos señala el camino más seguro para llegar a Ti. Alegres comenzamos a vivir esta semana que tú nos regalas. Comenzamos a contemplar un nuevo amanecer en este día y te damos gracias por todo lo que nos concederás durante esta semana, por todo el camino que recorremos y que tenemos la seguridad que tú estarás caminando a nuestro lado con la presencia de tu Espíritu.

Ahora, Señor, emprendemos nuestras labores cotidianas y te pedimos que no nos sueltes de tu mano, que nos guíes, nos ilumines y nos fortalezcas para que podamos con toda clase de buenas obras, palabras y acciones cumplir la voluntad del Padre celestial, que amemos a nuestros hermanos con sentimientos de corazón que le sirvamos con generosidad, pero ante todo que los llenemos de esperanza. Ayúdanos a ser humildes y sencillos en nuestra forma de vivir tu misma vida porque hoy nos dices en tu palabra, que pasaremos dificultades, que ahora estaremos tristes pero que luego reiremos; que ahora tendremos hambre, pero luego seremos saciados. Confiamos en ti, esperamos en ti y a ti te glorificamos. Que nuestra Madre como auxilio y protección, sea nuestra compañera de camino y nos guíe hacia ti. Amén.

Una muy feliz, santa y esperanzadora semana y un muy feliz lunes llenos de optimismo y alegría.

Reflexión Papa Francisco

En la cruz, Jesús se preocupa por la Iglesia y por la humanidad entera, y María está llamada a compartir esa misma preocupación... El discípulo Juan, el discípulo amado, representa a la Iglesia, pueblo mesiánico. Él debe reconocer a María como su propia madre. Y al reconocerla, está llamado a acogerla, a contemplar en ella el modelo del discipulado y también la vocación materna que Jesús le ha confiado, con las inquietudes y los planes que conlleva: la Madre que ama y genera a hijos capaces de amar según el mandato de Jesús. Por lo tanto, la vocación materna de María, la vocación de cuidar a sus hijos, se transmite a Juan y a toda la Iglesia.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda pbro.