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3-nov.-martes de la 31.ª semana del T. O.

la generosidad del Señor, ir a buscar al Señor, encontrarnos con el Señor, o aislarnos en nuestras propias cosas, en nuestros propios intereses

Bendecido día, para vivirlo con corazón agradecido, en humildad y sencillez. Tú viniste como el siervo de todos

y tuviste especial cariño por los desvalidos y desamparados. Haz que sepamos amar y apreciar a los débiles, los indefensos y los humildes, y aceptar ser contados entre ellos. Dispón nuestros corazones para ayudarles, buscar la ayuda que ellos puedan darnos, pues tú también has derramado tu misericordia sobre nosotros. Y aunque tenemos muchos momentos de desánimo, de luchas, de tristezas, de miedos e indecisiones, nos regalas el testimonio de Pablo que consistía en Vivir en Ti, ser del todo para Ti, Tu lo eras todo para Él. Hoy tu palabra es inspiradora porque nos habla de la humildad, dejar los puestos altos y quedarnos con los más bajos, con lo sencillo. Nos dejas ejemplos de gran humildad, de personas maravillosas, grandes en sencillez y humildad, como nuestro Santo Martín de Porres, que era mulato y le valió muchas discriminaciones. En el convento solo fue admitido como hermano LEGO, sin posibilidad de recibir el sacerdocio. Le dieron el cargo del enfermero, pero fue también un excelente Catequista que inspiraba en su vida de oración. Una gran consagración. Su ejemplo de humildad y servicio sigue siendo fuente de inspiración. Murió en 1639. Él nos dio un gran ejemplo de humildad. Nuestro santo era grande en sencillez y pobreza, en amor a los demás sin desear ser más, si no ser el más pequeño, Siempre al servicio de los demás, amando a Dios y a los pobres. Martín sintió compasión y esperanza a pesar de todo, sin guardar odio ni rencor a quienes se creían más, simplemente ofrecía su sonrisa y se iba llenando del Amor de Dios que repartió a los demás. Supo ser Hermano de todos. Aprendamos también de su entrega incondicional a Dios siguiendo tus pasos. Como él. Te pedimos que su canasta de donde sacaba pan para los pobres sea nuestra canasta de donde sacamos nuestro amor, servicio y solidaridad para nuestros hermanos más necesitados.  Feliz segundo día de la semana. Martes vivido y servido. 

PALABRA DEL PAPA

Ante esa generosidad, esa universalidad de la celebración surge esa actitud que cierra el corazón: «No voy. Prefiero estar solo, con la gente que me agrada, aislado». Y este es el pecado; el pecado del pueblo de Israel, el pecado de todos nosotros. El aislamiento. «No, esto es más importante para mí que esto. No, lo mío». Siempre lo mío. (...) Y en el camino de la vida, a menudo nos enfrentaremos a esta elección, a esta opción: o la generosidad del Señor, ir a buscar al Señor, encontrarnos con el Señor, o aislarnos en nuestras propias cosas, en nuestros propios intereses. Por eso el Señor, hablando de uno de los aislamientos, dijo que es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos. Pero hay ricos buenos y santos que no están apegados a las riquezas. Pero la mayoría está apegada a las riquezas, aislada. Y por esta razón, no pueden comprender lo que es la celebración. Pero tienen la seguridad de las cosas que pueden tocar. (...) Reflexionemos sobre esta parábola que el Señor nos da hoy. ¿Cómo va nuestra vida? ¿Qué prefiero? ¿Aceptar siempre la invitación del Señor o encerrarme en mis propias cosas, en mis pequeñeces? Y pidamos al Señor la gracia de aceptar siempre su banquete, que es gratuito. (Papa Francisco, Homilía en la Misa en Casa Santa Marta, 5 de noviembre de 2019) 

es muy difícil para un rico entrar en el reino de los cielos
ORACIÓN 

Señor, yo siempre me he sentido invitado por Ti: cuando era niño, cuando fui adolescente y joven, en la edad madura y ahora que ya soy viejo. Te confieso que he sido un afortunado. Repaso mi vida y no encuentro ninguna edad, ninguna etapa en la que no haya sido invitado por Ti a la “gran mesa” de la felicidad. Mi problema está en que algunas veces he escuchado otras voces, otras invitaciones que me han dejado el corazón vacío. Gracias, Señor, porque no te has cansado de mí y me sigas llamando también en la “hora de la tarde”. Haz que sepa darte ahora la mejor respuesta: la más auténtica, la más generosa.  Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-3-de-noviembre-de-2026 

En esta parábola de Jesús hay una invitación a una “gran cena”.  Y esta gran cena hay que distinguirla de las “pequeñas cenas”, las nuestras, las que son incapaces de hacernos felices.  La gran cena es de Dios y en esta, todo es a lo grande: la cena de los mejores manjares, la de los vinos de solera, la de los caros perfumes, la de los grandes regalos. Nos invita a una felicidad plena, a una felicidad que nunca se acaba. Y en esa cena nos hace un regalo inaudito: quitará el velo que cubre las naciones; aniquilará la muerte para siempre” (Is 25,7-8). Esta invitación se hace primero a los de casa, a los judíos, a los que se sienten con derechos…pero éstos se excusan y no quieren entrar. Pero el Señor no se desanima: invita a los pobres, a los que no tienen derechos, a los que nunca han tenido un banquete para celebrar. Éstos son los que se comen todo y nada desperdician; los que apuran el buen vino, participan de la música y el baile; los que no se cansan de agradecer al anfitrión que les haya dado esta oportunidad.   Nos preguntamos: Y nosotros, como cristianos, ¿dónde nos colocamos? ¿entre los viejos invitados?  ¿los que tenemos de todo y nunca estamos satisfechos con nada? ¿los que somos tan estúpidamente avaros que ni siquiera Dios nos basta? ¿Los que presumimos de derechos ante Dios, incluso del derecho de poder decirle que no? ¿O nos situamos entre los invitados de última hora y disfrutamos, como enanos, de los dones de Dios y, sobre todo del Dios de los dones?

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.