Gracias te damos, Señor, porque hemos despertado a un nuevo día y nos invitas a que lo vivamos en amor y servicio a nuestros hermanos. En buen momento nos regalas dones para compartir con nuestros hermanos. Haz que sean fructíferos para ellos y para cada uno de nosotros. Señor, Dios nuestro, Tú nos has nombrado discípulos de tu amor para que proclamemos tu palabra y construyamos comunidad en tu nombre. Ayúdanos para fortalecer a los débiles y buscar a los que han extraviado el camino.
A nosotros, débiles y frágiles, nos diriges a las siguientes preguntas: ¿Me aman ustedes? ¿Me permiten que les guíe? Que nuestra respuesta sea en palabras y en obras un “sí” rotundo y entusiasta. También nos preguntas quién decimos que eres tú. Que nuestra respuesta sea en alegría y confianza: tú eres nuestro guía, la luz que ilumina nuestras oscuridades en los momentos difíciles, el agua que calma nuestra sed de amor y de servicio, el camino que nos conduce a la vida. No permitas que nuestra respuesta sea en incertidumbres sino en certeza. Al terminar esta semana laboral, nuestros sentimientos son de corazón agradecido por la experiencia vivida y las alegrías que hemos compartido en estos días. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos.
Feliz y santo viernes. Y ánimo que ya estamos terminando la semana.
Oración de san Juan XXIII al Espíritu Santo
¡Oh, Santo Espíritu Paráclito, perfecciona en nosotros la obra comenzada por Jesús, haz fuerte y continua la oración que elevamos en nombre de todo el mundo: acelera para cada uno de nosotros el tiempo de una profunda vida interior; da impulso a nuestro apostolado que quiere llegar a todos los hombres y a todos los pueblos redimidos con la Sangre de Cristo y todos herencia suya. Mortifica en nosotros la presunción natural y elévanos a las regiones de la santa humildad, del verdadero temor de Dios, del generoso ánimo. Que ningún lazo terreno nos impida hacer honor a nuestra vocación; ningún interés, por negligencia nuestra, debilite las exigencias de la justicia; que ningún cálculo estreche los espacios inmensos de la caridad dentro de las estrecheces de los pequeños egoísmos. Que todo sea grande en nosotros: la búsqueda y el culto de la verdad, la prontitud para el sacrificio hasta la cruz y la muerte, y que todo, finalmente, responda a la última oración del Hijo al Padre Celestial y a aquella efusión que de Ti, oh Santo Espíritu del amor, el Padre y el Hijo desearon sobre la Iglesia y sobre las instituciones, sobre cada una de las almas y de los pueblos. Amén. ¡Aleluya, aleluya! (Ver homlía completa aquí)

