Culminar laboralmente nuestra semana y poder darte gracias en esta mañana es motivo de felicidad y de esperanza por todo lo que pudimos realizar; nuestras labores cotidianas en medio de días lluviosos, en medio de días de sol, pero todos fueron días bendecidos en tu amor y en tu presencia. Hoy en tu palabra nos invitas a reflexionar y darle gracias al Padre celestial por tantos beneficios que recibimos de tu parte; elevas los ojos al cielo y haces la multiplicación de los panes.
Si bien, cuando el tentador te propuso convertir las piedras en pan, le respondiste “no solo de pan vive el hombre”, Tú, la Palabra hecha carne, has querido hacerte pan vivo en la Eucaristía, entregarte a nosotros como alimento para que, sintiéndonos fortalecidos en tu misericordia, vayamos anunciando a los demás la grandeza de tu amor. Señor, tú nos invitas a sentarnos en tu mesa para saciar nuestro cuerpo y nuestro espíritu que tiene hambre de ti. Haz, Señor, que seamos generosos en compartir con nuestros hermanos más necesitados. Hoy nos diriges la pregunta con la cual pusiste a prueba a Felipe: “¿Con qué vamos a comprar pan para que esta gente coma?”. Nuestra respuesta ha de ser afirmativa: Tú lo sabes todo, Señor, tú sabes con qué nos alimentarás.
Gracias por nuestro pan de cada día, que nos fortalece y nos ayuda a seguir adelante en nuestro caminar llevando a nuestros hermanos el consuelo, pero ante todo tu presencia como pan de vida.
Ahora viene mi compromiso y mi respuesta: Tú sabrás cuáles y cuántos son mis panes y mis peces, ¡hoy es el momento de multiplicarlos, de ponerlos a tu servicio. Bendícenos y guárdanos en tu amor.
Un muy feliz y multiplicado viernes en amor y en servicio.
