Un día más, una semana que comienza y nuevos amaneceres para vivirlos y compartirlos. Despertamos a la realidad de nuestras actividades y labores cotidianas, con conciencia de hacer las cosas según tu santa voluntad.
Hoy amanece lluviosa en la mañana y, para no caer en impaciencia, nos cubrimos y sacamos el paraguas llenándonos de paciencia y de buena actitud para iniciar nuestras labores. Danos la gracia de tener actitudes de confianza hacia ti. Hoy nos muestras en tu palabra que todo transcurre según tu santa voluntad. El libro de Job intenta esclarecer una cuestión fundamental de la vida. No es otra que la de convencernos, desde la fe, que la providencia de Dios se ocupa siempre de las realidades humanas. Dios gobierna lo creado y su providencia va rigiendo nuestro peregrinar, sin que falte a nadie y, desde luego, respetando la libertad de cada uno. Teniendo en cuenta las mismas palabras de Job: «Desnudo salí de! vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».
En tu palabra también reflexionamos lo que tú quieres de cada uno de nosotros. En el reino de los cielos hay cabida para los servidores, aunque sirvan al que tenga el menor relieve. Ahora bien, la asistencia que reclama a la totalidad de las personas ha de ser consciente de que en el otro te acogemos a Ti, como El Enviado.
En otras palabras, el más importante en el reino de los cielos será el que con mayor grado de caridad haya amado en la tierra a Dios y a sus hermanos, aunque sean «tan pequeños» como los niños. Gracias, señor, por esta lección de verdadera claridad, de servicio y entrega a los demás. Nuestra la reflexión de este día sea una motivación para no sentirnos como los más importantes, sino los más pequeños y servidores de todos. Te alabamos, te bendecimos y te damos gracias.
Feliz inicio de semana y un muy servicial y humilde lunes de optimismo.
PALABRA DEL PAPA
Jesús hace un gesto después de haber hablado de la primacía del servicio. Hemos visto que los gestos de Jesús son más fuertes que las palabras que usa. Y ¿cuál es el gesto? Toma un niño y lo coloca en medio de los discípulos, en el centro, en el lugar más importante (cf. v. 36). El niño, en el Evangelio, no simboliza tanto la inocencia como la pequeñez. Porque los pequeños, como los niños, dependen de los demás, de los adultos, necesitan recibir. Jesús abraza a ese niño y dice que quien recibe a un pequeño, a un niño, lo recibe a Él (cf. v. 37). Esto es, en primer lugar, a quién servir: a los que necesitan recibir y no tienen nada que devolver. (…) Acogiendo a los que están desatendidos en los márgenes, acogemos a Jesús porque Él está ahí. Y en un pequeño, en un pobre al que servimos, también nosotros recibimos el tierno abrazo de Dios.
Queridos hermanos y hermanas, interpelados por el Evangelio, preguntémonos: yo, que sigo a Jesús, ¿me interesó por los más abandonados? ¿O, como los discípulos aquel día, busco la gratificación personal? ¿Entiendo la vida como una competición para abrirme un hueco a costa de los demás, o creo que sobresalir es servir? Y, concretamente: ¿dedico tiempo a algún “pequeño”, a una persona que no tiene medios para corresponder? ¿Me ocupo de alguien que no puede devolverme el favor, o sólo de mis familiares y amigos? (Papa Francisco, Ángelus del 19 de septiembre de 2021)
