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28-sep.-lunes de la 26.ª semana del T. O.

Acogiendo a los que están desatendidos en los márgenes, acogemos a Jesús porque Él está ahí. Y en un pequeño [...] también nosotros recibimos el tierno abrazo de Dios.

Un día más, una semana que comienza y nuevos amaneceres para vivirlos y compartirlos. Despertamos a la realidad de nuestras actividades y labores cotidianas, con conciencia de hacer las cosas según tu santa voluntad. 

Hoy amanece lluviosa en la mañana y, para no caer en impaciencia, nos cubrimos y sacamos el paraguas llenándonos de paciencia y de buena actitud para iniciar nuestras labores. Danos la gracia de tener actitudes de confianza hacia ti. Hoy nos muestras en tu palabra que todo transcurre según tu santa voluntad. El libro de Job intenta esclarecer una cuestión fundamental de la vida. No es otra que la de convencernos, desde la fe, que la providencia de Dios se ocupa siempre de las realidades humanas. Dios gobierna lo creado y su providencia va rigiendo nuestro peregrinar, sin que falte a nadie y, desde luego, respetando la libertad de cada uno. Teniendo en cuenta las mismas palabras de Job: «Desnudo salí de! vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor». 

En tu palabra también reflexionamos lo que tú quieres de cada uno de nosotros. En el reino de los cielos hay cabida para los servidores, aunque sirvan al que tenga el menor relieve. Ahora bien, la asistencia que reclama a la totalidad de las personas ha de ser consciente de que en el otro te acogemos a Ti, como El Enviado. 

En otras palabras, el más importante en el reino de los cielos será el que con mayor grado de caridad haya amado en la tierra a Dios y a sus hermanos, aunque sean «tan pequeños» como los niños. Gracias, señor, por esta lección de verdadera claridad, de servicio y entrega a los demás. Nuestra la reflexión de este día sea una motivación para no sentirnos como los más importantes, sino los más pequeños y servidores de todos.  Te alabamos, te bendecimos y te damos gracias.

Feliz inicio de semana y un muy servicial y humilde lunes de optimismo. 

PALABRA DEL PAPA

Jesús hace un gesto después de haber hablado de la primacía del servicio. Hemos visto que los gestos de Jesús son más fuertes que las palabras que usa. Y ¿cuál es el gesto? Toma un niño y lo coloca en medio de los discípulos, en el centro, en el lugar más importante (cf. v. 36). El niño, en el Evangelio, no simboliza tanto la inocencia como la pequeñez. Porque los pequeños, como los niños, dependen de los demás, de los adultos, necesitan recibir. Jesús abraza a ese niño y dice que quien recibe a un pequeño, a un niño, lo recibe a Él (cf. v. 37). Esto es, en primer lugar, a quién servir: a los que necesitan recibir y no tienen nada que devolver.  (…) Acogiendo a los que están desatendidos en los márgenes, acogemos a Jesús porque Él está ahí. Y en un pequeño, en un pobre al que servimos, también nosotros recibimos el tierno abrazo de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, interpelados por el Evangelio, preguntémonos: yo, que sigo a Jesús, ¿me interesó por los más abandonados? ¿O, como los discípulos aquel día, busco la gratificación personal? ¿Entiendo la vida como una competición para abrirme un hueco a costa de los demás, o creo que sobresalir es servir? Y, concretamente: ¿dedico tiempo a algún “pequeño”, a una persona que no tiene medios para corresponder? ¿Me ocupo de alguien que no puede devolverme el favor, o sólo de mis familiares y amigos?  (Papa Francisco, Ángelus del 19 de septiembre de 2021)

a quién servir: a los que necesitan recibir y no tienen nada que devolver
ORACIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-28-de-septiembre-de-2026

Señor, en este día te suplico que me des “alma de niño”. Que mi único tesoro seas Tú, que no ambicione ni riquezas ni poder ni gloria de este mundo. Yo sólo quiero ser importante por todo lo que Tú me das; y más importante todavía por lo feliz que vivo totalmente despreocupado de mis cosas, incluso de mí mismo. Como un niño me siento feliz en tus manos y todo lo espero de Ti. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-28-de-septiembre-de-2026

El ansia de ser el mayor entre los otros, de dominarlos, de disponer de ellos, responde a una inclinación muy fuerte, muy arraigada en el corazón del hombre, también en el de los discípulos. A veces, el ansia de dominar se tiene escondida o se disimula tras una máscara. Los dominadores de los pueblos se hacen llamar «bienhechores». Por eso hay que estar muy alerta para no dejarse dominar por este mal que puede arruinar a las personas. Hay que desenmascararlo a tiempo. Cuando ha habido un movimiento sísmico y pasan los técnicos para comprobar el estado de las viviendas que han permanecido en pie, lo que les interesa es saber cómo ha quedado dañada la “estructura del edificio”. Si ha sido afectada, no cabe remodelación, hay que tirarlo del todo. Según el evangelio, cuando un discípulo suyo —sea sacerdote, obispo o Papa— está tocado de este mal y quiere ser “el más grande” para así dominar a los demás, debe desaparecer, porque constituye un grave peligro para todo el edificio de la Iglesia.  Y ¿por qué Jesús ha sido tan exigente en este punto?  Jesús, el más grande, que fue entregado en manos de los hombres a fin de que dispusieran de él, trastorna todas las normas. Los pequeños vienen a ser los mayores, los humildes se convierten en señores, los dominadores se hacen esclavos. Esta revolución de los corazones tiene lugar en nombre de aquel que, siendo Hijo de Dios, inició aquí en la tierra una escalada de “descenso”. Y no puede tolerar que, entre los suyos, se dé una “escalada de ascenso”.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.