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28-may.-2026, jueves de la 8.ª semana del T. O.

Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver

Alegre y vocacional amanecer que nos regalas para contemplar las obras de tus manos; gracias, Señor, porque miramos la vida en esta mañana que nos regalas consentimientos de fe y de esperanza, sabiendo que tú caminarás a nuestro lado y nos mostrarás el sendero que hemos de recorrer. 

Hoy en el salmo 39, te decimos: «aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»; para recorrer el camino de servicio de amor y de entrega, que en este día vamos a vivir. Hoy te damos gracias por esta fiesta tan hermosa en la que la Iglesia te celebra como Sumo y Eterno Sacerdote y contempla cómo te ofreciste al Padre celestial por nuestra salvación. 

Ayúdanos a vivir tu servicio de entrega, fraternidad y solidaridad, recorriendo tu camino, viviendo tu ministerio, como lo hiciste en fidelidad entrega y servicio al pueblo, para hacer la voluntad del Padre celestial. Ayúdanos, Señor, a llevar adelante estas hermosas palabras que tú dirigiste a Pedro y los discípulos en el momento de tu oración en el huerto de Getsemaní: «velen y oren para no caer en tentación, pues el espíritu está pronto, pero la carne es débil»

Gracias, Señor, por tu sacerdocio y el sacerdocio ministerial que le regalaste a muchos hermanos que tú has llamado para que sigan prolongando en la historia tu acción de gracias. Acoge sus alegrías, triunfos y esperanzas, pero también sus luchas y tristezas. Hazlos semejantes a ti, en tu amor y servicio fidelidad y entrega. Amén. 

Un muy feliz, vocacional y sacerdotal jueves de servicio fraterno. 

Palabra del Papa

Al buen sacerdote se lo reconoce por cómo anda ungido su pueblo; esta es una prueba clara. Cuando la gente nuestra anda ungida con óleo de alegría se le nota: por ejemplo, cuando sale de la misa con cara de haber recibido una buena noticia. Nuestra gente agradece el evangelio predicado con unción, agradece cuando el evangelio que predicamos llega a su vida cotidiana, [...] cuando ilumina las situaciones límites, «las periferias» donde el pueblo fiel está más expuesto a la invasión de los que quieren saquear su fe. Nos lo agradece porque siente que hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas [...] Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres. Lo que quiero señalar es que siempre tenemos que reavivar la gracia e intuir en toda petición [...] el deseo de nuestra gente de ser ungidos con el óleo perfumado, porque sabe que lo tenemos. [...]

Así hay que salir a experimentar nuestra unción, su poder y su eficacia redentora: en las «periferias» donde hay sufrimiento, hay sangre derramada, ceguera que desea ver, donde hay cautivos de tantos malos patrones. [...] El que no sale de sí, en vez de mediador, se va convirtiendo poco a poco en intermediario, en gestor [...]. —esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se note—[...] Es bueno que la realidad misma nos lleve a ir allí donde lo que somos por gracia se muestra claramente como pura gracia, en ese mar del mundo actual donde sólo vale la unción —y no la función— y resultan fecundas las redes echadas únicamente en el nombre de Aquél de quien nos hemos fiado: Jesús. (Homilía del papa Francisco en la Misa Crismal, 28 de marzo de 2013).

sed pastores con «olor a oveja», que eso se note
Meditación-reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-28-de-mayo-de-2026

En esta escena el evangelista quiere revelarnos algo de la espiritualidad íntima de Jesús, su amargura humana muerta, su tristeza, la angustia que siente ante la muerte cercana, su obediencia filial a la voluntad del Padre; en una palabra, la verdadera humanidad del Hijo de Dios. En este momento la hora está cerca, ya que sucede lo mismo no bajo los dones simbólicos del pan y del vino del Jueves Santo, sino con la realidad sangrienta de su pasión y muerte corporal en el Viernes Santo.

En el sacerdocio no podemos separar el jueves del viernes. Lo que cada día celebramos en el Altar hemos de vivirlo después en la vida de entrega a los demás. El sacerdote que cada día toma el pan en sus manos y dice: Esto es mi cuerpo que se rompe por vosotros debe estar dispuesto a darse, a entregarse, a romperse por los demás. De lo contrario el sacerdote vivirá toda la vida en una esquizofrenia existencial.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.