Gracias te damos por esta mañana en que hemos despertado y comenzamos a alistar las redes para echarlas en el mar de la esperanza, esperando que, con tu ayuda, la pesca sea abundante de ilusiones, buenos deseos, de generosidad y de entrega.
Señor, hoy nos pides beber contigo la copa del amor sacrificado. Cólmanos con ese amor que nos haga comprender que somos grandes cuando servimos a los demás y cuando utilizamos nuestras vidas para dar a nuestros hermanos una oportunidad para vivir y ser libres. Que no busquemos otra recompensa que la de compartir tú mismo destino de entrega, disponibilidad y sacrificio Dispón de nuestros corazones y otórganos su fuerza y valor para entender, comprender y aceptar a los otros, acompañándolos en el camino de la vida, siendo solidarios en sus sufrimientos y regocijándonos en sus alegrías, ayudando a llevar las cargas los unos de los otros, para que tú mismo permanezcas con nosotros y ante todo que no busquemos los primeros puestos, ni reconocimiento más que de ti. SEAMOS SERVIDORES EN HUMILDAD Y SENCILLEZ. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Amén.
Un muy servicial y generoso miércoles.
Palabra del Papa
“Juan y Santiago, le piden sentarse, en su gloria, uno a su derecha y otro a su izquierda, lo que provocó una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia. La tentación de los discípulos es la misma de Jesús en el desierto, cuando el demonio se había acercado para proponerle otro camino. […] Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que todos tenemos. Recuerdo que una vez, que estaba en un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al Señor. Luego me fui a predicar los ejercicios a unas religiosas y el último día se confiesan. Y vino a confesarse una monja anciana, con más de ochenta años, pero con los ojos claros y brillantes: era una mujer de Dios. Al final vi en ella a una mujer de Dios, a la que le dije: «Hermana, como penitencia, ore por mí, porque necesito una gracia. Si usted se lo pide al Señor, me la concederá con toda seguridad». Se detuvo un momento, como si orara, y me dijo: «Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: lo hará a su divina manera». Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su divina manera. Y la divina manera es hasta el extremo. La divina manera consiste en la cruz, pero no por masoquismo: ¡no, no! Sino por amor. Por amor hasta el extremo». Pidamos al Señor la gracia de no ser una iglesia a mitad de camino, una Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino de ser una Iglesia humilde, que camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante… Un corazón abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2013, en Santa Marta).
