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27-may.-2026, miércoles de la 8.ª semana del T. O.

Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su divina manera. Y la divina manera es hasta el extremo. La divina manera consiste en la cruz...

Gracias te damos por esta mañana en que hemos despertado y comenzamos a alistar las redes para echarlas en el mar de la esperanza, esperando que, con tu ayuda, la pesca sea abundante de ilusiones, buenos deseos, de generosidad y de entrega.

Señor, hoy nos pides beber contigo la copa del amor sacrificado. Cólmanos con ese amor que nos haga comprender que somos grandes cuando servimos a los demás y cuando utilizamos nuestras vidas para dar a nuestros hermanos una oportunidad para vivir y ser libres.  Que no busquemos otra recompensa que la de compartir tú mismo destino de entrega, disponibilidad y sacrificio Dispón de nuestros corazones  y otórganos su fuerza y valor  para entender, comprender y aceptar a los otros, acompañándolos en el camino de la vida, siendo solidarios en sus sufrimientos y regocijándonos en sus alegrías, ayudando a llevar las cargas los unos  de los otros, para que tú mismo permanezcas  con nosotros y ante todo que no busquemos los primeros puestos, ni reconocimiento más que de ti. SEAMOS SERVIDORES EN HUMILDAD Y SENCILLEZ. Bendícenos, guárdanos y protégenos. Amén.

Un muy servicial y generoso miércoles. 

Palabra del Papa

“Juan y Santiago, le piden sentarse, en su gloria, uno a su derecha y otro a su izquierda, lo que provocó una discusión entre los demás sobre quién era el más importante en la Iglesia. La tentación de los discípulos es la misma de Jesús en el desierto, cuando el demonio se había acercado para proponerle otro camino. […] Una Iglesia que solo piensa en los triunfos, en los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y esta es una tentación que todos tenemos. Recuerdo que una vez, que estaba en un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al Señor. Luego me fui a predicar los ejercicios a unas religiosas y el último día se confiesan. Y vino a confesarse una monja anciana, con más de ochenta años, pero con los ojos claros y brillantes: era una mujer de Dios. Al final vi en ella a una mujer de Dios, a la que le dije: «Hermana, como penitencia, ore por mí, porque necesito una gracia. Si usted se lo pide al Señor, me la concederá con toda seguridad». Se detuvo un momento, como si orara, y me dijo: «Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: lo hará a su divina manera». Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su divina manera. Y la divina manera es hasta el extremo. La divina manera consiste en la cruz, pero no por masoquismo: ¡no, no! Sino por amor. Por amor hasta el extremo». Pidamos al Señor la gracia de no ser una iglesia a mitad de camino, una Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino de ser una Iglesia humilde, que camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante… Un corazón abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia. (Cf Homilía de S.S. Francisco, 29 de mayo de 2013, en Santa Marta).

Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: lo hará a su divina manera
ORACIÓN 

Señor, al leer el evangelio de este día, he descubierto la inmensa paciencia que tuviste con aquellos apóstoles que, viendo cómo subías a Jerusalén para encontrarte con el sufrimiento y con la muerte, ellos se dedicaban a pensar en quién sería más importante. Es la paciencia que has tenido también conmigo. Yo me he apartado de Ti precisamente cuando estaba recibiendo más favores tuyos. Me arrepiento y me avergüenzo. Y no te canses de tener paciencia conmigo. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-27-de-mayo-de-2026

Agradecemos al evangelista San Marcos que haya sido tan noble que no haya ocultado las debilidades y miserias de los propios apóstoles. Esto nos consuela hoy a nosotros que somos tan débiles, tan frágiles, y tan mezquinos y rastreros con Jesús. ¡Qué paciencia tiene con nosotros! El evangelio nos dice que “Jesús iba delante de ellos”.  Jesús siempre nos lleva la delantera. Jamás nos exige nada que Él no haya realizado; jamás nos empuja por un camino que Él no haya recorrido; jamás nos invitaría a llevar con paciencia nuestras pequeñas cruces de la vida si antes Él no hubiera llevado en sus espaldas el pesado leño. Él ha subido a la Cruz libremente y por amor. Por eso pudo decir: “Cuando sea elevado en alto atraeré a todos hacia Mí” (Jn 12,32). Jesús atrae, Jesús cautiva; pero no desde el dolor, sino desde el amor. Por eso los cristianos debemos hacer lo mismo. La gente, el mundo, se deja seducir por el egoísmo, por los primeros puestos, por el dinero. Pero Jesús nos advierte en este evangelio: “No ha de ser así entre vosotros”. Nosotros, los cristianos, desde que hemos conocido a Jesús, debemos tener un talante distinto, un comportamiento diferente, un estilo de vida basado en el amor. A los primeros cristianos les solían llamar “hombres inéditos”. Con la Resurrección de Jesús se instaura en el mundo una “raza nueva”, una “nueva edición de hombre y de mujer”. Y es precisamente en eso nuevo, distinto, diferente, donde está nuestra identidad cristiana. A nosotros no nos marca una ideología, unas ideas, un adoctrinamiento, sino la Persona de Jesús que ha muerto y ha resucitado.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda, pbro.