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27-sep.-domingo de la 26.ª semana del T. O.

Si tu corazón no es un corazón arrepentido, si no escuchas al Señor, no aceptas la corrección y no confías en Él, tienes un corazón impenitente.

Es verdad que las luces del alba
del día de hoy
son más puras, radiantes y bellas,
por gracia de Dios.

Es verdad que yo siento en mi vida,
muy dentro de mí,
que la gracia de Dios es mi gracia,
que no merecí.

Es verdad que la gracia del Padre,
en Cristo Jesús,
es la gloria del hombre y del mundo
bañados en luz.

Es verdad que la Pascua de Cristo
es pascua por mí,
que su muerte y victoria me dieron
eterno vivir.

Viviré en alabanzas al Padre,
que al Hijo nos dio,
y que el santo Paráclito inflame
nuestra alma en amor.

Significado

* La luz de la mañana: Representa el regalo de un nuevo día y la renovación de la vida a través de la creación y la gracia divina.

* La gracia inmerecida: Reconoce que el amor de Dios y la salvación son un don gratuito que no se gana por mérito propio.

* La Pascua: Conecta el amanecer diario con la resurrección de Cristo, fuente de la vida eterna para el creyente. 

Con los muy buenos días he querido iniciar nuestra reflexión a partir de este himno de origen cristiano al que nosotros, seguidores del Señor y discípulos de amor, le encontramos un significado muy hermoso para este nuevo día. Iniciarlo con alegría y esperanza y dándote gracias a ti, Señor, porque nos muestras el camino a recorrer. Las luces del alba son más radiantes porque están llenas de amor de tu misericordia y tu bondad. 

Hoy recibimos una gran lección en tu palabra, porque nos estás invitando a hacer tu santa voluntad en generosidad y sinceridad. El arrepentimiento es un nuevo comienzo, un regreso al Padre que siempre espera. No es demasiado tarde para convertirnos. Si nos dejamos motivar por la conducta de los humildes. 

Hoy nos llamas a ser hijos de la sabiduría, reconociendo que el cumplimiento de la voluntad de Dios consiste en hacer el bien y practicar la justicia sobre abundante en lo cotidiano. Ahora, Señor, abrimos nuestro corazón para decirte, aunque nuestra voluntad es frágil, y a veces es rebelde, tu palabra nos llama a responder con fidelidad. Sálvanos de la indiferencia y condúcenos por tu camino, para que no nos apartemos de ti. Cuando nos falte el aliento, socórrenos y danos la perseverancia para no desfallecer. Amén. 

Un muy feliz y perseverante domingo lleno de actitudes positivas y de compartir en familia. 

PALABRA DEL   PAPA

Si tu corazón no es un corazón arrepentido, si no escuchas al Señor, no aceptas la corrección y no confías en Él, tienes un corazón impenitente. Pero estos hipócritas que se escandalizaron por lo que Jesús dijo acerca de los recaudadores de impuestos y las prostitutas, pero que en secreto acudían a ellos para desahogar sus pasiones o para hacer negocios —todo en secreto— ¡eran puros! Y el Señor no los quiere. (…) Estos no pueden recibir la salvación. Están cerrados a la salvación. «Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre; ellos confiarán en el nombre del Señor» durante toda su vida. Y esto continúa hasta el día de hoy, ¿verdad? Cuando vemos al pueblo santo de Dios, humilde, cuya riqueza reside en la fe en el Señor, en la confianza en el Señor —el pueblo humilde y pobre que confía en el Señor—, estos son los salvos, y este es el camino de la Iglesia, ¿verdad? Debe ir por este camino, no por el otro, el que no escucha la voz, el que no acepta la corrección y el que no confía en el Señor. (…) Cuando podamos decirle al Señor: «Señor, estos son mis pecados; no son suyos, son míos… Son míos. Tómalos y entonces seré salvo», cuando podamos hacer esto, seremos ese pueblo hermoso, un pueblo humilde y pobre, que confía en el nombre del Señor. Que el Señor nos conceda esta gracia (papa Francisco, Homilía del 16 de diciembre de 2014).

 

«Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre; ellos confiarán en el nombre del Señor
Oración

Perdona, Señor,
porque mi sí es a medias…
porque no soy dócil a tu espíritu…
porque no vivo como me pides…
porque no te sigo con radicalidad…
porque no te amo como tú…
porque no me abandono a tu amor…
porque no me esfuerzo en ser como tú…
porque no hago de ti, el sentido de lo que soy. Amén. 

REFLEXIÓN

El Señor dirige unas palabras muy duras a los sumos sacerdotes y jefes del pueblo que le oían: –“Yo os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios”. ¡Un juicio duro, pero muy certero! ¿Por qué? Porque los pecadores y las prostitutas son como el primer hijo de la parábola: a pesar de que sus palabras no eran las más “bonitas” y adecuadas, ellos hicieron la voluntad del Padre: creyeron en Cristo y se convirtieron ante su predicación.

Mientras que los fariseos y los dirigentes del pueblo judío, que se consideraban muy justos y observantes, y se sentían muy seguros de sí mismos, ésos son como el segundo hijo: su “porte” externo es muy respetuoso y comedido, pero NO obedecen a Dios. Y lo que Cristo quería era que hicieran la voluntad del Padre.

Para ganar en claridad dividimos este evangelio en tres puntos:

1.– No sirven las palabras sin las obras.  «No se puede edificar una casa sobre arena» (Mt 7, 26-27).   En este mundo sobran palabras y faltan obras.

Jesús, que es muy comprensivo con todas las personas «hasta con los publicanos y las prostitutas», es duro a la hora de enjuiciar a los vividores, a los que llevan doble vida, a los que con palabras bonitas dicen «sí» y después es que «no». En realidad, esas personas no tienen criterios, ni convicciones, son superficiales y se están engañando a sí mismas. Están construyendo su vida sobre la arena y el final de ellas va a ser un gran fracaso. Jesús nos dijo: «Yo soy la verdad» (Jn 14, 6). Jesús no sólo dice verdades, sino que “es verdad”. Sus labios nunca se tuercen ante la mentira. Es coherente, es sincero, es fiel. Siempre cumple lo que dice. En Jesús la verdad nunca se separa de la persona. Los cristianos debemos vivir en la verdad, debemos desposarnos con la verdad y hacerla nuestra compañera de camino. El hombre que dice y no hace es un hombre roto, dividido, un hombre frustrado, un no-hombre. Y Dios quiere que todos nosotros nos realicemos como personas. La mentira, desde el punto de vista del evangelio, es la gran amenaza al ser humano.

2.- Tampoco sirven las obras para recrearnos en ellas. «Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha» (Mt 6, 3). Jesús ya nos ha advertido que, en el juicio final, habrá muchos sustos. Llegarán algunos cargados de méritos, muy cumplidores de leyes y de normas, muy fieles a sus ayunos, sus ofrendas en el Templo, sus oraciones etc. Pero todo eso que “objetivamente” está bien, lo han estropeado porque todo lo han hecho por pura complacencia, por puro orgullo, por creerse mejores que los demás. Todo lo han hecho, pero no por amor a Dios ni a los hermanos sino por amor a ellos mismos. Ese comportamiento tampoco agrada a Dios y Jesús lo dejó bien reflejado en la parábola del fariseo y el publicano. Lo peor de este comportamiento es el endurecimiento del corazón, el cerrarse a la novedad de Dios y el pretender encerrar a Dios en sus esquemas religiosos. En cambio, los pecadores que se abren a Dios y están dispuestos a cambiar de vida, tienen un puesto asignado en el reino de los cielos. Incluso Jesús se atrevió a decir algo muy gordo: “Los publicanos y las prostitutas os precederán”.

3.- Hay que obrar como Jesús: «Yo hago siempre lo que al Padre le agrada» (Juan 8, 29). “Ser cristiano es seguir a Cristo por amor. Ignorantes, llenos de defectos, Jesús nos conducirá a la santidad, a condición de que comencemos por amarlo y que tengamos el valor de ir tras él. El cristianismo no consiste sólo en el conocimiento de Jesús y de sus enseñanzas transmitidas (bien o mal) por la iglesia. Consiste, más bien, en un seguimiento que es la raíz de todas las exigencias cristianas y el único criterio para valorar una espiritualidad auténtica, capaz de sobreponerse a todas las adversidades”. (Leopoldo Cervantes)

Jesús siempre evita el éxito y el aplauso. Y cuando lo buscan porque intentan hacerlo rey, él se retira. (Jn 6, 15). Jesús no necesita de los aplausos de los hombres. Esto a él no le dice nada. Jesús vive del aplauso de su Padre Dios, del poder dar satisfacciones a Dios, de tener a su Padre siempre contento. Esto le llena, le satisface, le hace sentirse feliz. Jesús es feliz al comprobar que, con todo lo que él hace aquí en la tierra le hace disfrutar a su Padre en el cielo. Jesús llevaba siempre consigo “un paraíso interior”.  Por eso Jesús nos invita a vivir en la gratuidad, a no recibir recompensa de nadie sino de ese Padre maravilloso que ve en lo escondido. Él es nuestra recompensa. (Mr. 6, 6. 18). Sólo si yo me siento un regalo de Dios y vivo para agradarle, podré hacer de mi vida un regalo para los demás, y podré vivir para agradar a mis hermanos.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.