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24-oct.-2021 domingo de la 30.ª semana del Tiempo Ordinario

Por otro día, por otro amanecer, gracias, Señor.

Por otro día, por otro amanecer, gracias, Señor. Por lo que quieres que hagamos y cumplamos, ayúdanos, Señor, con la fuerza de tu Espíritu y danos el don del discernimiento para comprender tu palabra y qué hemos de hacer.

Bartimeo hace una cosa muy importante: «soltó el manto» y no tuvo reparos en quedarse sin nada para poder verte, fue capaz de desprenderse quizás de lo único que poseía. Tanto sus desesperadas voces como su desprendimiento hicieron que te viera. Tú sabías, Señor, que él buscaba algo mucho más importante y que sólo tú le podías dar. Por eso, tú dices a tus discípulos «llamadlo», lo dices «traedlo» o «buscadlo». Lo llamas a ser discípulo tuyo, a formar parte de los hijos de Dios, excluido por su ceguera, que se consideraba una maldición.  No quieres limitarte a curar la ceguera de Bartimeo, quieres sacarlo de su vida sin sentido para introducirlo en un mundo nuevo: tu Reino.

Conociste la fe de Bartimeo, pues oíste la desesperación con la que te llamó a gritos, la decisión con la que dejó su manto tirado en el suelo, la docilidad con la que siguió a tus discípulos y la humildad con la que reconoció públicamente su ceguera. Por eso le dices: «Anda, tu fe te ha curado». La vida de Bartimeo había quedado paralizada no sólo por su ceguera. Hoy somos nosotros los “Bartimeos” que tenemos que gritar, que estamos ciegos por nuestros egoísmos, nuestra pereza y nuestra envidia. Queremos soltar el manto de nuestra arrogancia e ir a Ti, para que nos digas: “anda”, es decir, “vuelve a caminar en la vida, vuelve a mirar el amor de Dios en tu hermano”.

Hoy nos vuelven los interrogantes para que recapacitemos y hagamos un examen de nuestra fe: ¿Te buscamos con el ansia de Bartimeo?, ¿somos capaces de dejarlo todo por ir a tu encuentro?, ¿nos sentimos realmente llamados por Ti? Y, si Tú, nos preguntas qué queremos que hagas por nosotros, ¿qué te diríamos? Bartimeo tenía muy claro qué era lo que más necesitaba. ¿Somos conscientes de lo que realmente necesitamos? Todos, de algún modo, estamos «ciegos». Reconocemos que necesitamos que nos ayudes a convertirnos interiormente, a madurar espiritualmente. Danos el valor y la humildad para decirte: «Maestro, que pueda ver». Un muy claro y desprendido Domingo, compartido y generoso, ojalá en familia.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.