Terminando una semana más en nuestro diario vivir, te bendecimos, te glorificamos y te damos gracias, Señor, porque desde ahora nos inspiras buenos pensamientos y deseos para vivir un buen día en tu presencia y con tu compañía. Nuestra oración sea desde nuestro corazón.
“No hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero”. ¡Cuántas veces nos hemos propuesto hacer el bien! Nuestra mente y nuestro corazón nos dicen las cosas buenas que tenemos que hacer en nuestra vida, como ponerte a Ti en el centro de nuestra vida, amar a nuestro prójimo, acompañar al triste y solitario, dominar nuestro mal carácter etc., pero de repente actuamos de forma contraria.
