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21-sep.-lunes de la 25.ª semana del T. O.

«No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mc 2, 17)

Bendecida y optimista mañana y un esperanzador inicio de semana nos regalas. 

Hoy con renovadas fuerzas nos sentimos inspirados en ti, Señor. Nuestro corazón agradecido solamente aspira a servirte humildemente y a escuchar tu palabra para saber a qué nos envías en este día. Del mismo modo que Mateo, queremos seguirte. En él, nos muestras cómo avergüenzas a los petulantes e hipócritas y cómo llamas a los pecadores para la tarea de llevar tu Buena Noticia. Perdona nuestras debilidades y danos la certeza de que podemos contar contigo y con tu amor, porque somos débiles y pecadores. Que sepamos compartir tu mensaje y tu vida.  Tú comías con recaudadores de impuestos y con pecadores porque ellos te necesitaban espiritualmente. Nosotros te presentamos nuestro corazón humilde y sencillo, para que nos invites y te sientes a la mesa con nosotros, porque también te necesitamos. «Aprendan lo que significa: “Lo que deseo es misericordia, no sacrificio”. He venido a llamar no a los justos, sino a los pecadores».  Ayúdanos para que estas palabras cambien nuestra actitud hacia nuestros hermanos y también hacia nosotros mismos; haznos bondadosos y comprensivos para con todos. 

Un muy feliz lunes e inicio de semana, vivido en solidaridad y fraternidad, inspirados siempre por la llamada del Señor: «Sígueme».

Palabra del Papa

Jesús acoge en el grupo de sus íntimos a un hombre que, según la concepción de Israel en aquel tiempo, era considerado un pecador público. En efecto, Mateo no sólo manejaba dinero considerado impuro por provenir de gente ajena al pueblo de Dios, sino que además colaboraba con una autoridad extranjera, odiosamente ávida, cuyos tributos podían ser establecidos arbitrariamente. Por estos motivos, todos los Evangelios hablan en más de una ocasión de «publicanos y pecadores» (Mt 9, 10; Lc 15, 1), de «publicanos y prostitutas» (Mt 21, 31). Además, ven en los publicanos un ejemplo de avaricia (cf. Mt 5, 46:  sólo aman a los que los aman) y mencionan a uno de ellos, Zaqueo, como «jefe de publicanos, y rico» (Lc 19, 2), mientras que la opinión popular los tenía por «hombres ladrones, injustos, adúlteros» (Lc 18, 11).

Ante estas referencias, salta a la vista un dato:  Jesús no excluye a nadie de su amistad. Es más, precisamente mientras se encuentra sentado a la mesa en la casa de Mateo-Leví, respondiendo a los que se escandalizaban porque frecuentaba compañías poco recomendables, pronuncia la importante declaración: «No necesitan médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mc 2, 17) (Benedicto XVI, Audiencia General 30 de agosto de 2006).

Jesús no excluye a nadie de su amistad
ORACIÓN 

Señor, hoy quiero ir a la oración con los ojos limpios, sin prejuicios. Los fariseos y judíos de entonces no podían ver con buenos ojos a los que colaboraban con los romanos en la recaudación de los impuestos.  Eran considerados como enemigos del pueblo y ladrones. Tú, Jesús, conocías todo eso, pero sabías    mirar a las personas por dentro, por encima de las circunstancias y de los cargos que representaban.  Para Ti, todos somos hijos de Dios. Amén 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-21-de-septiembre-de-2026 

San Mateo era un cobrador de impuestos, un pecador ante los ojos de todo el pueblo. Sólo Jesús fue capaz de ver más allá de sus pecados y vio a un hombre. Un hombre que podía hacer mucho por el Reino de los Cielos. Y le llamó con todo el amor y misericordia de su corazón para ser uno de sus apóstoles, de sus íntimos.

[… ]«Vio Jesús a un hombre». «La mirada de Jesús» explica todo en los relatos de vocación es. Es muy difícil decir no a Jesús después de mirarte. Es una mirada cariñosa, penetrante, limpia, sin prejuicios. Es una mirada de amor que penetra, seduce, cautiva. Lo que ve Jesús es “la persona”. No ve ni le interesa ver las circunstancias de esta persona. Ni siquiera le importan sus pecados. La mirada de Jesús nunca se detiene en el pasado de esa persona. Es una mirada creativa, le interesa lo que puede ser, lo que esa persona está llamada a ser. Es curioso que aquel hombre, llamado Mateo, «estaba sentado». Estaba anclado en su trabajo, feliz con su trabajo, bastante rentable. Y, con sólo mirarle Jesús, «se levantó y le siguió». Sólo la mirada de Jesús nos puede levantar de nuestros pecados, de nuestras frustraciones, de nuestra pasividad, de nuestra pereza. ¡Si supiéramos dejarnos mirar por Jesús!… Lo primero que hace Mateo es “invitarle a comer”. Necesita celebrar ese encuentro, darle gracias por haberse fijado en él a pesar de ser corrupto y colaboracionista de los romanos. Jesús no le ha recriminado nada, no le ha tenido en cuenta su pasado y ha tenido la delicadeza de llamarlo para ser su apóstol. Los fariseos protestan. Jesús les dice que ha venido a curar a los enfermos y perdonar a los pecadores. Y este “colaborador de los romanos” hasta ahora, desde aquí en adelante, va a ser mi propio colaborador, mi apóstol, mi amigo, mi confidente.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.