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21-oct.-miércoles de la 29.ª semana del T. O.

«Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá»

Buen y bendecido día para dar gracias. Nuevos rumbos, nuevos retos y actividades para realizar. Gracias Señor. 

Hoy celebramos la memoria de un hombre que centró toda su existencia en la llegada de Jesucristo a su vida y en el deseo de que esta riqueza llegara también a la vida de sus hermanos: san Antonio María Claret. Si se tuviese que sintetizar toda la vida de este gran apóstol en pocas palabras, elegiríamos la oración que rezaba en cada misión que emprendía, en medio de fuertes calores, fríos, guerras, calumnias y peligros: “Señor y Padre mío, que te conozca y te haga conocer, que te ame y te haga amar, que te sirva y te haga servir, que te alabe y te haga alabar por todas tus criaturas”. Esta oración expresa la profunda fe y confianza. 

Hoy nos sigues insistiendo en que hemos de estar vigilantes a tu llegada. No sabemos ni el día ni la hora, tu llegada se asemeja a la sorpresa causada por la irrupción inesperada del ladrón o la inspección imprevista del amo. Tú llegas a nuestras vidas cada día, pero si no estamos vigilantes nos podemos quedar sin disfrutar de la dicha de tu presencia. Nos pasa muchas veces: ¡cuántas noches llegamos a la cama con el corazón vacío y triste, sin haber acogido tu gracia, tu sabiduría y tu amor! Pero tú eres muy directo: nuestra vida se vive en expectación y acogida de tu presencia —que todo lo llena de sentido— o divagamos en distracciones que nos hacen ir de un lado a otro buscando cosas que nos sumergen en la superficialidades o inutilidades. Danos la capacidad de ser verdaderos y generosos administradores de la vida que tú nos regalas, de la vida de nuestros hermanos en el servicio y de todo lo que tú nos has confiado. Señor, que seamos verdaderos administradores y que lo hagamos buscando solo la recompensa que viene de tus manos y que tengamos muy en cuenta tus palabras: «Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá». 

Como buenos administradores del don de Dios, iniciemos nuestras labores con alegría, esperanza y deseos de hacer las cosas muy bien, con generosidad, disponibilidad y mucho ánimo. 

Feliz, bendecido y fructífero miércoles.

LAS PALABRAS DE LOS PAPAS

La plenitud de nuestra existencia no depende de lo que acumulamos ni de lo que poseemos, como hemos escuchado en el Evangelio (cf. Lc 12, 13-21); más bien, está unida a aquello que sabemos acoger y compartir con alegría (cf. Mt 10,8-10; Jn 6, 1-13). Comprar, acumular, consumir no es suficiente. Necesitamos alzar los ojos, mirar a lo alto, a las «cosas celestiales» (Col 3,2), para darnos cuenta de que todo tiene sentido, entre las realidades del mundo, sólo en la medida en que sirve para unirnos a Dios y a los hermanos en la caridad, haciendo crecer en nosotros “sentimientos de profunda compasión, de benevolencia, de humildad, de dulzura, de paciencia” (cf. Col 3, 12), de perdón (cf. ibid.., v. 13) y de paz (cf. Jn 14, 27), como los de Cristo (cf. Flp 2, 5). Y en este horizonte comprenderemos cada vez mejor lo que significa que «la esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,5). (León XIV, Homilía en la Santa Misa con motivo del Jubileo de la Juventud, 3 de agosto de 2025)

Dichoso a quien Dios, cuando llegue, encuentre cumpliendo su deber
ORACIÓN 

Señor, dame la fuerza de tu Espíritu para profundizar en tu Palabra, para hacerla actual, para escucharla hoy para mí. Y te pido que me hagas comprender que “se me ha dado mucho” y debo responder con generosidad a tanto regalo, tanto mimo que he recibido de Ti. Miro mi vida tejida toda ella con hilos de tu amor y me avergüenzo de lo tacaño que he sido contigo. Pero quiero cambiar y ser responsable. Quiero que mi respuesta esté a la altura de los sueños que Tú, desde toda la eternidad, has tenido sobre mí. Amén. 

Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-21-de-octubre-de-2026

En el evangelio, además de las bienaventuranzas ya clásicas hay otras muchas, no menos importantes. Por ejemplo, cuando Jesús dice: «Bienaventurados los que sin ver creyeren». Los primeros cristianos necesitaron apariciones para creer, pero Jesús nos habla de una bienaventuranza especial para los que creen, sin necesidad de apariciones. Otra bienaventuranza maravillosa es la que tenemos en el evangelio de hoy: «Dichoso a quien Dios, cuando llegue, encuentre cumpliendo su deber». El Señor quiere que nuestro encuentro con Él no lo limitemos a lo extraordinario, a lo que se sale de lo normal. Al Señor le encanta encontrarse con nosotros en lo cotidiano, en lo que hacemos cada día, con la mirada puesta en el Padre Dios que cada día nos envía el sol, el aire, la lluvia y, sobre todo, el amor.

Hubo un tiempo en la Iglesia primitiva en el que se creía que la última venida del Señor ya estaba cerca. Y por eso se vivía más en el “más allá” que en “más acá”. Pero fue precisamente el evangelista Lucas el que retrasó esa venida. Desde entonces el mundo se nos ofrece como tarea: debemos continuar la obra de Jesús que «pasó por la vida haciendo el bien». Lo nuestro es “humanizar” la sociedad abriendo caminos de libertad, de solidaridad, de responsabilidad y de fraternidad. Y esto superando la “cultura del miedo” (J. Delumeau) e imponiendo la cultura del amor y de la alegría.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.