Un jueves más que va pasando en nuestra vida y es por sí mismo una invitación para darte gracias porque nos has levantado a una nueva experiencia de vida, a un día en el que podremos manifestar tu amor y tu misericordia por medio de nuestras actividades.
Señor, con tu palabra nos iluminas y nos muestras la verdadera imagen del Padre (como el padre del hijo pródigo, como el Buen Pastor); con tu testimonio y tus acciones nos dices cómo es y cómo actúa el Padre, cuando te vemos perdonando, curando, animándonos a todos; así actuaste durante toda tu vida.
Qué hermosas son tus palabras, cuando nos dices «vengan a mí todos los que están cansados y agobiados y yo los aliviaré». Tú te revelas en verdad como el manso y humilde de corazón, comprensivo, tolerante y acogedor que nos aceptas tal como somos y nos invitas a dar pasos en ayuda de los que sufren. Tú perdonaste delicadamente a la pecadora, nos hablaste del Padre que perdona y acoge al hijo aventurero y del pastor que se alegra del reencuentro con la oveja descarriada.
Hoy queremos aceptarte, Señor, y acoger la invitación que nos haces a ser sencillos de corazón, porque solo así sabremos captar mejor la presencia del Padre celestial en nuestras vidas y seremos más felices. Tú nos alegras porque sientes la alegría de los sencillos y los humildes.
Hoy quedan en nosotros algunas preguntas que debemos comprometernos a responder personalmente: ¿somos nosotros sencillos de corazón? ¿sabemos admirar y agradecer las obras de Dios? ¿acaso estamos tan llenos de nosotros mismos que no sabemos escucharte, ni creemos necesitar tu salvación?
Gracias, Señor, por la vida de santa Laura Montoya, quien en humildad y sencillez aprendió a amarte y darte a conocer entre los pobres y los sencillos. Permítenos como a ella, poner los dones que nos has dado al servicio de nuestros hermanos. Danos los dones que necesitamos y la sabiduría para usarlos siempre en el bien. Bendícenos, guárdanos y protégenos en tu amor y en tu misericordia. Amén.
Un muy testimonial y vocacional jueves.
