«Al despertar me saciaré de tu semblante». Amoroso y misericordioso Señor, con esas palabras del salmo nos regalas la ocasión de tener un día más de descanso.
Recibimos y meditamos tu palabra con gran alegría y con la esperanza de que, al igual que los trabajadores que van a la viña, encontraremos tu bondad y generosidad. Nuestro pensamiento para este día es no ser ventajosos en lo que tú no regalarás. Trabajaremos todo el día cumpliendo tu santa voluntad de amar y servir a nuestros hermanos. No interesará la hora en que nos llames, porque estaremos disponibles a la primera hora o al caer de la tarde y esperando solo la recompensa que tú nos quieras regalar; si vamos trabajando lo mucho lo poco lo haremos con cariño y esperanza en ti. Gracias, Señor, por hacernos partícipes de la gran cosecha de tu amor porque es repartición para todos especialmente los más necesitados de tu bondad y tu misericordia. Ayúdanos, Señor, a tener sentimientos de solidaridad como tú los tienes con nosotros.
Un muy feliz y generoso domingo vivido en servicio y amor a los demás.
PALABRA DEL PAPA
Los jornaleros que se habían quedado en la plaza del mercado probablemente habían perdido toda esperanza. Ese día había sido en vano. Pero alguien siguió creyendo en ellos. ¿Qué sentido tiene contratar trabajadores solo para la última hora de la jornada laboral? ¿Qué sentido tiene ir a trabajar solo por una hora? Sin embargo, incluso cuando nos parece que podemos hacer poco en la vida, siempre vale la pena. Siempre existe la posibilidad de encontrar un sentido, porque Dios ama nuestra vida. Y aquí es donde se ve la originalidad de este amo, al final del día, a la hora de pagar. (…) Para el dueño de la viña, es decir, para Dios, es justo que cada uno tenga lo necesario para vivir. Él ha llamado personalmente a los trabajadores, conoce su dignidad y, en función de ella, quiere pagarles. Y da a todos un denario. El relato dice que los trabajadores de la primera hora se sienten decepcionados: no logran ver la belleza del gesto del amo, que no ha sido injusto, sino simplemente generoso; que no ha mirado solo el mérito, sino también la necesidad. Dios quiere dar a todos su Reino, es decir, la vida plena, eterna y feliz. Y así hace Jesús con nosotros: no establece un ranking, sino se dona enteramente a quien le abre su corazón. (León XIV - Audiencia general, 4 de junio de 2025)
