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18-sep.-viernes de la 24.ª semana del T. O.

Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la Iglesia.

Alegre mañana y alegre despertar en ese último día laboral de nuestra semana. Ahora, ya despiertos, iniciaremos nuestras labores en la cotidianidad que nos deparará el cumplimiento de tu santa voluntad. 

A todos nosotros —que escuchamos, profundizamos e intentamos vivir tu Palabra— no nos sorprenderá ver cómo el evangelista Lucas destaca la presencia de algunas mujeres que te siguen, anotando las distintas tareas que ellas realizaban dentro de la comunidad. Tú, con tu mirada y tus acciones en favor de los pobres, débiles, discriminados de la sociedad y el papel relevante de las mujeres, estableciste un orden nuevo rompiendo la visión de un mundo cerrado y legalista.

Frente a una sociedad que marginaba a las mujeres, tú les otorgaste dignidad y las reconociste como iguales, incluyéndolas como discípulas itinerantes y encomendándoles diferentes tareas en la misión. Esta actitud hacia las mujeres te enfrentaba con las costumbres de tu tiempo. Ayúdanos, Señor, para que, con corazón sincero y agradecido, podamos valorar la valentía, la generosidad y la ternura de todas las mujeres que nos dan un ejemplo grande de optimismo y disponibilidad, siendo madres, hermanas, tías y abuelas. Gracias por su amor y su ternura. Bendícelas. Guárdalas y protégelas con tu amor. 

Feliz y agradecido viernes para todos. 

Palabra del Papa

Es indudable que debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la Iglesia. El modo mismo con el cual Jesús ha considerado a las mujeres —el evangelio lo indica así— era un contexto menos favorable del nuestro, porque en esos tiempos la mujer era puesta en segundo lugar. Pero Jesús la considera de una manera que da una luz potente que ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo. Aún no hemos entendido en profundidad cuáles son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Tal vez haya que ver las cosas con otros ojos para que se complemente el pensamiento de los hombres. Es un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más audacia. (Audiencia de S.S. Francisco, 15 de abril de 2015).

Aún no hemos entendido en profundidad cuáles son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer
Reflexión https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-18-de-septiembre-de-2026 

Es verdad que, a la hora de la primera creación, el protagonismo lo tuvo un hombre: Adán; pero Dios, en la segunda creación, pensó en clave femenina a la hora de elegir un medio eficaz para entrar en el mundo. Siempre me impresionan las palabras de Pablo: «Al llegar la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer» (Gal. 4,4). En el relato del evangelio de hoy Jesús fue un osado. Sabía que “la mujer casada que acompañaba a los profetas era repudiada por su marido y era motivo suficiente para casarse con otra” (J. Jeremías). Pero Jesús rompe los esquemas sociales y culturales a la hora de optar por un auténtico feminismo, incluso incorporando a las mujeres a su propia misión evangelizadora. Y fue una mujer, María Magdalena, la que dio a los discípulos la noticia de que Cristo había Resucitado. Fueron unos ojos de mujer los primeros que vieron el rostro del resucitado; unos oídos de mujer los que escucharon el primer nombre pronunciado por Él: ¡María! Y unos labios de mujer los primeros que besaron los pies del nuevo Adán.

Oración

Señor Jesús, yo te agradezco que no te haya importado incorporar a las mujeres a la misión de extender tu Reino a todas partes. Y, de un modo especial, te agradezco que hayas querido venir a este mundo a través de una mujer, María. Ella es —como dice P. Claudel—  «el sacramento de la ternura maternal de Dios». Haz que sepamos empaparnos de esta ternura infinita.

Autor:
José Hernando Gómez Ojeda Pbro.