Feliz amanecer en nuestro segundo día de mayo. Contemplar el nacimiento de un fin de semana y de descanso es detenernos un momento y mirar hacia atrás lo que ha sido nuestra semana. Quizá hemos llevado encima el servicio, la entrega y la disponibilidad en cada una de nuestras acciones; ese ya es un motivo grande para darte gracias, Señor; hemos practicado la misericordia y servido a nuestros hermanos.
Ahora, reflexionamos sobre tu palabra pensando en las palabras y la petición de Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta». Esto te da pie para ayudarle a comprender. Lo invitas a mirar, a percibir por sí mismo, con los sentidos y la inteligencia, lo que ha sucedido ante sus ojos, recordando: a la mujer adúltera a la que le dijiste «yo tampoco te condeno», al leproso que te suplicó «si quieres, límpiame» y Tú le respondiste «quiero, queda limpio»; a la viuda de Naím, que lloraba la muerte de su hijo y la compasión de Dios se lo devolvió; cómo te sentabas a la mesa con pecadores y publicanos —considerados impuros por quienes se creían superiores por cumplir la ley; cómo devuelves la vista al ciego, haces andar a cojos y levantas a los paralíticos.
¿Acaso Felipe no pudo darse cuenta de que el amor de Dios ha tocado la tierra a través de ti?
Los signos, las acciones y las palabras tuyas son sanadoras, liberadoras y dan plenitud al ser humano, porque muestran el rostro concreto de Dios Padre, el Dios compasivo que hace salir el sol sobre buenos y malos.
Cuando percibimos la gracia de tu amor nos volvemos capaces de comprender a qué estamos llamados en tu escuela: a hacer tus mismas obras- Porque, como dice el refrán: “acciones son amores y no buenas razones”.
Un muy feliz y reflexionado fin de semana.
PALABRA DEL PAPA
Durante la Última Cena, después de afirmar Jesús que conocerlo a él significa también conocer al Padre (cf. Jn 14, 7), Felipe, casi ingenuamente, le pide: "Señor, muéstranos al Padre y nos basta" (Jn 14, 8). Jesús le responde con un tono de benévolo reproche: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? (...) Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí" (Jn 14, 9-11). Son unas de las palabras más sublimes del evangelio según san Juan. Contienen una auténtica revelación. Al final del Prólogo de su evangelio, san Juan afirma: «A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha revelado» (Jn 1, 18). Pues bien, Jesús mismo repite y confirma esa declaración, que es del evangelista. Pero con un nuevo matiz (...) Para explicarlo desde la perspectiva de la paradoja de la Encarnación, podemos decir que Dios asumió un rostro humano, el de Jesús, y por consiguiente de ahora en adelante, si queremos conocer realmente el rostro de Dios, nos basta contemplar el rostro de Jesús. En su rostro vemos realmente quién es Dios y cómo es Dios. (Benedicto XVI, Audiencia general, 6 de septiembre de 2006)
ORACIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-2-de-mayo-de-2026
Señor, necesito un mayor y mejor conocimiento del Padre. Él es el principio de todo bien y será el término final de todo. Él es la causa y origen de nuestra felicidad y también la meta final hacia la que nos dirigimos. Pero este origen y esta meta necesitan un camino. Y ese camino eres Tú, Señor, el hijo amado del Padre. Enséñanos a amar al Padre, a descansar en el Padre, a poner también, como Tú, nuestra alma en sus manos antes de morir. Amén.
REFLEXIÓN https://www.iglesiaenaragon.com/lectio-divina-2-de-mayo-de-2026
Me entusiasman las palabras sencillas e ingenuas de Felipe: «Muéstranos al Padre y nos basta». Para decir esto de una manera tan espontanea es que la palabra Padre no caía de los labios de Jesús. La gran lección que Jesús daba cada día a sus discípulos era sobre el Padre: El Padre-Dios es bondadoso, cercano, amigo de la vida, derrochador de amor. Con un Padre así, ya no cabe desear nada mejor. Jesús acepta esta respuesta de Felipe. Lo que le reprocha es que no haya entendido que Jesús es el Revelador del Padre; que, en los ojos de Jesús, no haya visto la mirada del Padre; que en las manos de Jesús, no haya sentido la caricia del Padre; que en el trato exquisito de Jesús con los enfermos y los pecadores no haya intuido el amor desbordante del corazón del Padre.
Ver a Jesús es ver al Padre. Escuchar a Jesús es escuchar al Padre. Palpar a Jesús es palpar al Padre. Se trata de que Dios, el Invisible (Jn, 1,18), se ha hecho “visible” en Jesús. Y esto es suficiente para llenar una vida de felicidad plena, rebosante, y contagiosa. Para disfrutar de esta experiencia hay que conocer a Jesús. Y en la biblia el verbo conocer es algo más que saber cosas. Es hacer experiencia de relación, de amistad, de intimidad. El que escribe estas cosas es el discípulo amado que ha descansado su cabeza sobre el pecho de Jesús. Para ir al Padre solo hay un camino: JESÚS. Y como nunca podemos abarcar a Jesús, siempre estamos en camino, nunca podemos decir que ya hemos llegado. Debemos vivir en un conocimiento progresivo de desinstalación. No hay un cristiano hecho, sino que cada día se va haciendo. A los apóstoles les llamamos “discípulos” porque siempre estaban aprendiendo de Jesús.
