Te saludamos y damos gracias por todo lo que nos regalas y haces por nosotros. Nuestra vida es una continua búsqueda y muchas veces nos encontramos junto a un sepulcro. Anhelamos muchas cosas, pero nos encontramos con la muerte, con la fría y desnuda roca. A veces, como la Magdalena, te seguimos hasta el sepulcro; allí llevamos todo lo que somos y todo lo que late en nuestro interior. Pero no estás entre los muertos, y recordamos que nuestra vida no es una vida de muertos, sino de plenitud y de vida. En la debilidad más terrible es donde te haces presente y vienes a resucitarnos, a llamarnos por nuestro nombre, “...........”, para que sintamos tu cercanía con nosotros en nuestro sufrir y en nuestras alegrías. Te reconocemos como nuestro Señor y Salvador. Haz que te escuchemos cuando nos anuncias tu Buena Nueva de salvación como un mensaje de vida. Que nosotros también sepamos oír tu voz cuando clamas a nosotros en nuestros hermanos necesitados, o cuando nos hablas sencillamente en los que nos comunican sus alegrías y esperanzas, su fe y su amor. Danos la fuerza de tu Espíritu para seguir anunciando tu Resurrección y comprender las preguntas que dirigiste a la Magdalena: ¿Por qué lloras? ¿Qué buscas? Que hoy sepamos contestarte y abrir nuestros oídos a tu llamado. Amén.
Feliz y bendecido martes. Vivamos alegremente el amor y el servicio.
UN ESPACIO PARA L A REFLEXIÓN
No sé cuántas gracias llego a decir al cabo del día por tantas cosas que me hacen los demás. Y me parecen pocas. Porque, a medida que pasa la vida, se me confirma que recibimos más de lo que damos. Incluso que lo que damos lo hemos recibido antes. Mi sueño es que definitivamente deje de saber cuántas gracias he llegado a decir al cabo del día… ¡por la imposibilidad de poder contarlas! (Francisco José Ruiz Pérez, sj)
