Bendecido jueves vocacional que iniciaremos con espíritu de optimismo y esperanza. Que nuestra jornada sea bendecida en tu bondad; contando con tu ayuda, podremos afrontar nuestras actividades con mucha fe, esperanza. En la alegría de recordar hoy a santa Teresa de Jesús, te pedimos la fortaleza y la confianza que ella tuvo en Ti, para saber cumplir la voluntad del Padre celestial sirviendo y amando a sus hermanos sobre todo a los débiles y abandonados. Regálanos el don de la sabiduría, de la prudencia y la paciencia, para realizar nuestras actividades, que agraden al Padre celestial.
Santa Teresa de Jesús fue profundamente consciente de la manera tan especial que tú vives en lo más profundo de nosotros mismos. Que ella nos ayude a vivir tu vida como sarmientos vivos unidos a la vid, que dan frutos abundantes de justicia, bondad y amor. Que nuestra unión contigo se haga visible en la apertura a nuestros hermanos y en un profundo sentido de oración como lo tuvo Teresa de Jesús, que fue amante de la lectura de un temperamento exuberante y jovial, con una contrastante tendencia a la vida interior y activa guiada por Dios en coloquios íntimos y por San Juan de la cruz. Reformó su orden y fundó quince monasterios carmelitas en España; fue una gran mística que, aunque enferma, tuvo mucha actividad práctica y organizativa, escritora de sus experiencias míticas, que son un modelo a seguir. Como en la vida de santa Teresa, te pedimos que te des a nosotros, como Pan Divino que da fuerza y vino unificador, para que vivas en nosotros y nosotros en Ti. Te damos gracias por llenarnos con la savia de tu vida, que es nuestra verdadera vid.
Permite que con la humildad y sencillez de Teresa de Ávila sigamos viviendo en profunda unión contigo y con nuestros hermanos, para que en las incertidumbres de la vida sigamos creyendo, esperando y construyendo juntos un reino de amor. Te alabamos, te bendecimos y te glorificamos. Te damos gracias. Amén.
Un muy feliz jueves de vocaciones compartido con los que amamos.
Palabra del Papa
Este hecho de arrebatarnos la capacidad de comprender la revelación de Dios, de comprender su corazón, de comprender su salvación —la clave del conocimiento— es, sin duda, una grave omisión. Olvidamos la gratuidad de la salvación; olvidamos la cercanía de Dios y olvidamos su misericordia. Y quienes olvidan la gratuidad de la salvación, la cercanía de Dios y su misericordia, se han llevado la llave del conocimiento. (...) Esto sucede hoy. Los fariseos, los doctores de la ley, no son cosa de aquellos tiempos; todavía hay muchos como ellos. Por eso es necesario orar por nosotros, los pastores. Orar para que no perdamos la llave del conocimiento y no cerremos la puerta a nosotros mismos ni a quienes desean entrar (Francisco - Homilía en Santa Marta, 19 de octubre de 2017).
